
Por Manuel Gutiérrez
Debo admitir mi pobreza cultural, ya que solamente he leído dos obras de autores cubanos, una de ellas de Heberto Padilla, el poeta “En mi jardín pastan los héroes” leída tan joven que me gustaría repasarla. La otra fue “El Vuelo del Gato” de Abel Prieto confieso que la conseguí por el estupendo gato naranja de la portada. Si a esas vamos, un día caigo con los “Gatos Guerreros” de Ciencia Ficción o a buscar a Monsivais, por la razón felina.
La primera de ellas, fue sacada de Cuba en forma clandestina, bajo una persecución política al autor, que ocasionó que los autores del boom latinoamericano asumieran actitudes, en algunos casos honorables, como lo hicieron Mario Vargas Llosa, que con “La Casa Verde”, había ganado el Premio Rómulo Gallegos, y el premio le fue requerido para la causa, a lo que se negó, en tanto que Julio Córtazar, laureado por el “Libro de Manuel”, entregó el dinero a la resistencia chilena, ya que Augusto Pinochet y la junta militar, truncaron el proyecto de Salvador Allende, al borde de una guerra civil que termino en guerra sucia. Juliose sometió y vendió su alma por la aprobación de la revolución, pero infructuosamente.
Cortazar donó su premio, escribió un auto de fé, en tiempos de la nueva inquisición. El inquisidor de entonces, era venido de Yale, Estados Unidos, se llamó Roberto Fernández Retamar, poeta, fallecido el 20 de julio del 2019. Desde 1961 su función a cargo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, determinando con un estilo stalinista, quién estaba dentro de la ortodoxia de la fe socialista, y a quién había que condenar a la hoguera
Julio se desalineó al solidarizarse con el poeta Heberto Padilla, el del Jardín donde Pastaban los Héroes, un título que encerraba burla, porque Fidel Castro era apodado “El Caballo” de ahí la referencia.
Todo el problema de la novela se basa en la prohibición que podía ocasionar una década de cárcel, a quién adquiera dos costales de cemento en el mercado negro. Los cubanos lo hicieron o no tendrían vivienda, menos pensar en que un artista quisiera usar el cemento…para hacer una absurda y abyecta obra de arte, reflejo de la decadencia capitalista, neoliberal, etc.
El lema del inquisidor Retamar, era: “Con la revolución todo; contra la revolución ningún derecho” cabe advertir que intelectos de la talla de Jean Paul Sarte, que conoció el stalinismo real, Gabriel García Márquez, se resistieron a dejar abandonado a su suerte al escritor Guillermo Cabrera Infante, que se atrevió a denunciar las fiestas privadas de las tardes cubanas del dictador Fidel Casto y su séquito. Eso le costó a Cortazar, perder la bendición de Cuba.
Esta división hizo que Mario Vargas se alejara de la utopía socialista. El escritor colombiano Oscar Collado, radical en ese momento lo increpó porque sostenía que los “discursos de Fidel” eran el inicio de la poesía, que se derivó el mismo concepto al cantante Pablo Milanés, que cataloga a Fidel como fuente de la poesía de la revolución: “El poeta eres tú”.
Cabe señalar que el marxista ortodoxo mexicano José Revueltas, fue en su momento guardia armado de la revolución, en espera la invasión, en los años 60, se vomitó de la censura y de
control de la inteligencia en Cuba. Revueltas se solidarizó con Padilla, lo que mucho honor le da, en una vida integra de revolucionario perseguido, encarcelado y nunca se dejó quebrar moralmente. Vió a misma cara de la represión en México, que en la isla de Cuba.
Fuentes fue descalificado por su novela “Cambio de Piel”. Nunca más volvió a hablar del tema. Vargas Llosa se viró a la derecha, de la que actualmente es un intelecto de gran influencia, aborrecido por la 4T, en tanto que Gabriel,cultivo la amistad con Fidel, pasó por “buen revolucionario” y ayudo a sacar de la Isla a escritores perseguidos, eso nos platica Carlos Ramírez, en una columna de El Imparcial del 31 de julio del 2019 que narra la desaparición del censor Retamar ignominioso, no del aparato. Gabo, Cortazar ya nos dejaron.
Guillermo Cabrera Infante, autor de “Tres Tristes Tigres” logró por fin salir de Cuba y se convirtió en ciudadano de Gran Bretaña. Heberto Padilla, fue el Soljenitsinlatinoamericano, y finalmente terminó siendo exiliado de Cuba. Estos escritores cubanos, como José María Lezama Lima, son verdaderos gigantes de las letras, poetas, ensayistas, y Lezama escribió una autobiografía novelada, “Paradiso” estimada, joya universal.
EL Vuelo del Gato.
Cuando leí el Vuelo del Gato, me sorprendió que no hubiera sido censurado. Narra la madurez de un grupo de chicos formados en la escuela socialista cubana, fueron pioneros, etc. Ellos integraron un grupo de amigos cercanos, “la piña”idealistas sinceros, crecieron creyendo en la revolución, en el discurso interminable de Castro. Uno de ellos logró un hueso en un ministerio, lo que le permitió tener casa tipo clase media, y darse el lujo de acoger facilitando un cuarto a un amigo cercano.
Su convivencia, sus domingos, el ron, los debates de si Beatles era de izquierda por John Lennon y de derecha por Paul Mcartney, era pop, fresa, aburguesado y derechista.Harrison, místico oriental. La obra te lleva por debates, reflexiones, sociales, económicas creyendo en la acechanza eterna del imperialismo y revelaciones étnicas. Cuba sobrevive a la invasión de España, y se mezcla, a la influencia de Estados Unidos, e incluso al dominio de Rusia,teniendo identidad.
El drama va cuando el benefactor descubre que su esposa cohabita con su huésped, y finalmente lo acepta, condesmoronamiento moral. La inercia lo sostiene a conservar su posición social, lograda por ser burócrata privilegiado. A la vez la obra de Abel Prieto, -que nada tiene que ver con los gatos, finalmente- explica en que consiste su vuelo.
Un vuelo de gato, es cuando alguien se relaciona con una pareja femenina, la cual representa la adquisición de bienestar, de cierta comodidad personal. Un ascenso laboral, político, o económico, o incluso una salida de Cuba. A la vez, la belleza y el color de la piel son importantes.
Si la relación se da con una chica de piel blanca, pelo trigueño o rubio, ojos claros, se trata de “un salto pa’adelante”. En cambio si la elección es una chica negra, o morena, se interpreta por la sociedad mestiza de Cuba, como“un salto pa’ atrás”.
Pero el mestizaje, admite Lezama Lima en dicha obra del Gato en prólogo, lleva a las nuevas generaciones a posiciones, a novedades interculturales, inusitadas e incluso condenadas por las generaciones anteriores por eso ni ser parte de la URSS los hizo dejar de ser cubanos.
Ser cubano, finalmente es ser parte de Hispanoamérica, ser de Capa y Espada, una forma de caballerosidad y de vida imprevisible aunque el sistema sea enajenante como legado castrista.
En síntesis, de la misma manera que las niñas mexicanas nunca escogen una Barbie de color negro, aunque sea niña morena, porque el prototipo de belleza, de mejoramiento de la raza, se aprende de oscuros arcanos, pero sigue influyendo. ¿La conquista?
De la misma manera, Cuba maneja un sistema de categorías sociales, con todo y la revolución, de hecho entronizadas por este fenómeno y se le añade la observación del color de la piel que facilita ascensos o descensos.
Hay racismo en Cuba. Si, de la misma manera que existe en toda Latinoamérica. Es un fenómeno cultural, que ni el marxismo logró disipar. Los enredos que esto provoca, un retrato de la visión de la Cuba de estamentos y categorías, es el entorno de este trabajo de Abel Prieto.
Un trabajo interesante, fuerte, de humanidad, con sabor de fracaso y depresión, a pérdida de amor, a celos, a engaño, un drama vigente llámese la sociedad como se llame, es un reflejo de humanidad de Latinoamérica.
Una decepción de la misión histórica, porque nadie cree en las ideas juveniles, pero se guardan de decirlo, porque la delación, la vigilancia del sistema policiaco cubano, es inexorable. Todos saben que viven un sistema de fracaso, y los lleva con desesperación a consumir los símbolos del imperialismo malvado. Cigarros Lucky, Whisky, Coca Cola, y mucho Ron – sólo accesible a clases privilegiadas- y música de rock, de los sesentas y setentas, que se escucha eninglés, que se canta con disimulo, en tanto se vive en la rutina ritual que impone la revolución, los mítines, los manifiestos, las convocatorias, el trabajo voluntario,interminable de una fe política, que suple lo metafísico.
En tanto nadie puede conocer, o relatar cómo viven sus dirigentes, tema tabú. Un país de carceleros, atrapados como los presos. Una obra, que tuvo suerte, por el sistema de Cuba, porque la tienen catalogada como una obra permitida,y en México, poco leída.
Conocí un gato en el Museo de Cuba, porque combatía los ratones que dañaban el patrimonio litetario era afortunado, pero propiedad del estado.
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