
Por Manuel Gutiérrez
Es el profeta de Carlos Marx y el nuevo guía de la acción política de la izquierda mundial en lugar de Lenin, es decir el marxismo-leninismo que era dogma, se convirtió en una meta, pero dejó de ser procedente como proceso, como método. Todo esto se debe a un pensador italiano llamado Antonio Gramsci, a quien de Capa y Espada le toca visitar hoy.
Los fundadores del pretendido comunismo, plantearon líneas de acción que fueron efectivas hasta el inicio del siglo XX, pero el desenmascaramiento del sistema como cárcelario, persecutor y el bienestar e información de la clase obrera, la alejaron bastante de ser los peones ejecutores de la revolución. Si bien la aspiración continuó y sigue siendo mundial, los trabajadores, los sindicatos todos quedaron lejos de realizar el ideal del internacionalismo, de una patria socialista universal sin fronteras, algo que pretende soñar John Lenon, en Imagina.
Es decir, lo último que empleo de la revolución mundial, que es el nombre más correcto para esta causa, fue el aprovechamiento de los estudiantes, que siendo privilegiados, sostenidos por clases medias, altas y trabajadoras, tuvieron occio, acceso cultural y de alguna manera fueron influidos por el análisis marxista, que se canonizó como científico, como herramienta sin la cual toda reflexión, ensayo o investigación, aparentemente carecía de valor.
Las luchas de la Sorbona, del París que pasó luego al México 68, y las confrontaciones en universidades estadounidenses muy izquierdistas, fueran oficiales o privadas, generaron un esfuerzo de conquista y de cambio de sistema, que no funcionó porque el propio sistema absorvió, gratificó y colocó en puestos de poder a los rebeldes. Los movimientos como el hippie, con un trasfondo de militancia muy socialista, con actividades supuestamente pacifistas jaquearon el esfuerzo de la guerra de Vietnam, o los choques del socialismo en el ámbito latinoamericano sobre todo con el emblema del Che.
Pero todo eso, terminó agotándose. Las verdades comenzaron a fluir sobre la realidad del socialismo-marxista-leninista, en tanto a su fracaso económico, a su represión y su debilidad como expresión democrática. El regreso a las dictaduras, a la economía de estado, a una militancia que parece solamente sobrevivir sobre una base de dogmatismo en Corea del Norte y en parte de China, desencantó como fueron las denuncias del Gulag, la caída del Muro de Berlín, la descomposición de la URSS, fueron signos de que el comunismo había sido superado pero un oscuro genio estaba languideciendo en una cárcel por obra de Mussolini, y su poderosa mente habría de darle a la revolución mundial otra oportunidad, pero con mayor letalidad llevando ese proceso a niveles de familia, sociedad, ecología, sexualidad siendo sustento de la ideología de género, todo ello en 1926 armando una nueva batalla cultural planetaria que probablemente estemos perdiendo por goliza, y nos están apedreando el rancho.
Gramsci parte del concepto de cultura, para revisar luego el de ideología, como un estado de conciencia, en que se asimila una identidad de lucha de clases y un impulso revolucionario que debe permear a toda la cultura. Una causa ecológica, bajo su perspectiva se convierte en un alegato anticapitalista, una marcha feminista, se convierte en una lucha contra la opresión del patriarcado, en una rebelión anti-fálica, en que el hombre es visto sólo como violador, en tanto que la derivación del dominio de la naturaleza femenina, de su corporeidad pasan a ser simplemente motivo de un derecho total que puede permitir la supresión de una vida neonatal que es una entidad de existencia y de derecho ajena.
La idea de Gramsci, como solución a la utopía social, es la supresión de la propiedad privada, aunque el orden u progreso, parten precisamente de la gratificación, del lucro y la seguridad patrimonial, lo que constituye el talón de Aquiles, de todo sistema gramsciano-marxista.
Usando un sistema derivado de Hegel, de Engeles, Gramsciactualiza y amplia el horizonte de la lucha social cuestionando toda forma de vida occidental, partiendo de la familia y la propiedad, lo que si bien ya era cuestionado y el comunismo proponía nuevos modelos de convivencia como pactos sociales únicamente, sociedades por el placer o mejor dicho alianzas temporales en que finalmente la mujer quedaba a cargo de su producto natural.
Este esquema si bien No es nuevo, lo es cuanto al enfoque que pretende destruir la raíz de la vida familiar, la autoridad de los padres, la seguridad de la madre, y la obtención de aspiraciones de bienestar al pretender que la sociedad utópica se iguale en forma de un modelo plano en que lo mismo sea obtenido por todos, lo que nunca ha sucedido y menos en las altas jerarquías de los socialistas en cualquier época y lugar cuyas cúpulas son millonarias y dueñas por su sistema de gobierno de absolutamente todo.
La idea del bloque histórico es una variable del devenir histórico sin la consabida profecía de su inevitable advenimiento. Las estructuras de dominación derivadas de la economía, se cruzan y llevan a establecer un sistema opresor sobre todo en la cultura. Entonces el enfoque es el pensamiento, la creación de ideología, y es ahí donde Gramsci nos despoja de la identidad y del sistema de pensamiento en que convierte una protesta diversa en una máquina dialéctica en que terminas pidiendo finalmente el marxismo como liberación total.
La enajenación, la alienación, son figuras que mantiene el post-capitalismo y aunque estudiadas por Marcuse en tiempos posteriores, son parte del contexto de lucha intelectual. Entonces la intención de oposición al socialismo termina subvertida, modificada a sumarse a lucha por el sexismo, la liberación del mismo, el aborto, pero todo tiene como fondo la aceptación del marxismo como finalidad total, el cual no es visto como enajenante, en una paradoja del sistema propuesto por Gramsci. La lucha por la hegemonía conceptual que domine el panorama cultural, los prejuicios sociales y de paso la uniformidad sujeta a una concepción dominante.
Una protesta por el precio del transporte, desencadena un planteamiento que va convirtiendo en un choque cultural total, la percepción de la protesta, la aceptación de explotación, la conversión de que solamente alcanzando el socialismo o la estatización del transporte, se logrará evitar que los pulpos se enriquezcan, pero esto lleva a cuestionar otras estructuras, en que se observa que el capitalismo es degradante, y al que se debe destruir para liberar al hombre todo por aumentar unos centavos al pasaje de un camión.
Lo que se omite de parte Gramsci es que la economía sea estatal, dirigida y centralizada, es un capitalismo administrado por un gobierno, y en cierta forma pasa a ocupar el lugar del capitalista de la iniciativa privad que se atacaba antes.
Pero para entonces ya estás convertido en un ariete subversivo, al que se le recomiendan prácticas radicales de violencia muchos de esos grupos son tan especializados en guerrilla urbana que merecen incluso la vigilancia del ejército y sean mujeres o grupos de minorías LGTB tiene una alta capacidad de combate, así como fijación psicológica que los convierte en serios instrumentos que no respetan ni edificios de valor histórico, ni estético o de carácter social, porque su finalidad llega al anarquismo, a la aspiración de una sociedad que no tenga control de ninguna especie, jerarquías diferentes al que ellos representan, en la eterna contradicción del nihilismo que es un laberinto sin escape.
Todo esto se lo debemos a Gramsci, y aplica desde enfoques culturales de todo tipo. La guerra por el socialismo alcanza entonces una nueva dimensión, la de una batalla cultural, un cuestionamiento amplio del que nada se salva de la quema y en que la nueva hegemonía desplazará todo lo anterior, creando un nuevo bloque, en una sociedad cuya evolución natural la llevó al concepto primordial de la propiedad privada, y la acumulación, como una forma que rompió con mil años de historia, porque hasta la edad media, el lucro era contenido mediante las cofradías y hermandades de artesanos, valores financieros estáticos o la iglesia y los judíos como prestamistas principales, pero con una ideología que ataba el interés del capital.
Pero vino Marx, y luego Gramsci y estamos en otra fase de la guerra cultural, que dominará incluso la economía como resultado y la forma de vida y de pensar.

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