
Horacio Villaseñor Manzanedo
Guadalajara perdió la calidad de sus regidores y directivos públicos, lo que nada tiene que ver con colores de distintos partidos políticos. Cuando gobernaba el PRI, partido hegemónico, también hubo ayuntamientos chafa, pero no tanto como ahora. La razón, tantos años gobernando, enfadó, pero permitía detectar entre la sociedad a personas de capacidad mostrada en el ejercicio de la función pública, y con ello, igual que en el juego de béisbol, reforzaban los equipos, porque preocupaba la fama pública. En Guadalajara, los actores públicos, eran conocidos, la gente sabía “de qué pata cojeaban”, a las familias de abolengo les importaba cuidar su prestigio, y lo más importante y útil, entonces, fue que los empresarios no se metían a políticos y los políticos, no tenían empresas. Con el tiempo, la globalización y el interés, de los hombres de negocio, de tener más y más, generó presiones que el partido en el poder no pudo resistir, por ignorancia, incapacidad o ambición y se abrió paso a la alternancia. Entonces, el partido político Acción Nacional, llega al poder y para poder, echa mano de sus mejores hombres, los panistas más priistas. Con el tiempo, la hipocresía y el deseo ardiente de conseguir algo, especialmente riquezas o fama, fue pudriendo más a la función pública. Ahora, “gobierna” otra marca política, Movimiento Ciudadano, integrada realmente por herederos del PRI, del PAN y de la sociedad económica, una revoltura, en general, sin ideología, sin sabiduría ni valores públicos, que solo les da para enriquecerse económicamente. Basta observar cómo está hoy la gran ciudad, convertida en un despropósito, nada está bien. Si llueve, se inunda; si volteas al cielo, los cables te tapan la vista; si caminas las banquetas, sorteas la basura o lidias con los hoyos; si recorres un parque, pisas cacas; si te bañas, el agua huele y se ve mal; si conduces, llegas tarde y si deseas usar un transporte público suficiente, limpio, puntual y seguro, como decía conocido comediante, “no hay, no hay”. La ciudad está hecha un asco y es insegura. La gente sin oficio ni beneficio se está apoderando de la vía pública, lo hace porque puede, porque no pasa nada y no pasa nada porque los gobiernos ya no gobiernan la ciudad y, tampoco pasa nada. Guadalajara está llenándose de indigencia, porque primero el ayuntamiento se llenó de ediles intelectualmente miserables que, al no saber la razón de ser de un gobierno municipal, corruptos o no, lo pudrieron. No se equivoquen, el problema no es la lluvia torrencial, el agua sucia, la bolsa de plástico, los vehículos, la gran cantidad de basura, la indigencia, la inseguridad, etc., el problema es la ineptitud de los gobernantes, el problema es la incapacidad de quien tiene la obligación constitucional de solucionar lo que dificulta vivir con tranquilidad y en condiciones para el desarrollo humano. Mas que sistemas anticorrupción, se requiere de sistemas anti-ineptitud pública. Si no corregimos rápido, si no apuntamos la flecha a lo que en realidad causa el daño, el dolor será mayor y saldrá más caro arreglar. El problema de Guadalajara y de toda la metrópoli, son sus ayuntamientos indigentes, ayuntamientos integrados por empresarios y políticos que no saben administración pública, no controlan nada, son “rolleros” y, en el mejor de los casos, solo tienen ocurrencias. Lo que los ciudadanos sufrimos día a día, lo que falla por acción u omisión gubernativa, solo es consecuencia de tanto edil y directivo público tarado que convirtió a Guadalajara en una ciudad con más necesidades que antes, carente, escaza, donde se vive miseria y penuria, y donde se puede vivir en cualquier auto abandonado, camellón, parque o espacio público, porque no pasa nada. Ni hablar.
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