Por Manuel Gutiérrez
Que deleite es leer a los maestros de la literatura cubana, un Guillermo Cabrera Infante, letras mayores. Actualmente siguen esas voces de la Habana, Leonardo Padura, que nos platica y nos demuestra que los riesgos existen, que te pueden exponer a ellos, pero si no es tu hora, vivirás para contarlo y de ello da cuenta en su artículo de circulación universal Leonardo, por medio de la agencia EFE, aunque ya refugiado en España, como todo autor que vale la pena debe estar en exilio como regla de lo que es Cuba.
En el País, leemos su artículo en que narra la vivencia del autor Héctor Abad Faciolince, que viajo a Ucrania, y por ello Padura fue a despedirlo con otros amigos. El autor de nacionalidad colombiana seguiría así el camino que muchos de sus compatriotas han seguido, pero no para narrar, sino para combatir. Incluso se sabe que en Cuba se han destinado 10 mil combatientes en la operación más ambiciosa de expedición militar de la isla, en lo que va de este siglo, superando las movilizaciones que los llevaron a las aventuras del Congo y de Zambia, en la idea de Fidel Castro de hacer la revolución mundial en todas partes del mundo.
Héctor Abad Faciolince, solamente llevaba computadora, papel y plumas para escribir sus notas. Los que lo conocen no imaginaban al autor Abad, dispuesto a estar en el riesgo, imaginando que estaría confinado a permanecer en un refugio en Kyiv, pero encontró irresistible la invitación de Sergio Jaramillo, colombiano que pretendía demostrar la solidaridad de los intelectuales, con la resistencia de Ucrania.
Abad suele olvidar cosas, incluso peinarse. Es frágil, es un hombre bonachón, de edad madura pero la fuerza espiritual suele compensar debilidades. Apenas 4 días después, en España los amigos de Abad supieron que se había pasado a la zona de Donestk, área invadida por Rusia, a 20 kilómetros del frente, estaba en Kramatorsk, para ver con sus ojos, escuchar con sus oídos y sentir en su persona, el peso de la guerra, es decir privaciones, miedo, y de alguna manera muerte.}
“Ahora y en la hora” suena a una frase de una oración a la Virgen María. “Ahora y en la hora de nuestra muerte” le falto decir. Porque pronto estuvo en una pizzería, que voló hecha añicos por un misil Kinzhal, hipersónico que se disparó contra esa malvada pizzería. Quiza los rusos sentían mucho enojo contra las pizzas que preparaban en ese lugar…que blanco elegido, para ser destruido con un misil que costaba miles y miles de veces más que esa pizzería.
Pero Abad se había movido de ese lugar. Pronto las fotos que subió por Whats App, eran de un personaje cubierto de mugre, de sudor, de frío, con costras de sangre propia y ajena, con los ojos enrojecidos de vivir lo que era la guerra que vive la gente de las ciudades de Ucrania, día con día, noche a noche, los niños pueden estar en una improvisada escuela y zas, adiós. O un café que funciona de milagro, y zas, desaparece. Porque esos son los blancos estratégicos de la ofensiva de drones y misiles de Rusia sobre Ucrania.
Sin embargo los misiles hirieron su memoria, incentivaron su prosa, difundieron su palabra. El bien y el mal, verdadero trasfondo de la invasión, la vida y la muerte, la consecuencia, el amor, la felicidad, el azar, la fortuna, la vejez y el miedo a morir, incluso hasta la existencia de Dios ausente o presente en ese infierno humano.
Héctor Abad se muestra en su libro de editorial Alfa Guara, como un ser que duda, que decide, que vive, en una abanicode dudas existenciales por el contexto de la guerra, pero es imprevisible como lo puede ser el efecto de saber que era el blanco de un misil, pero en cambio cegó la vida de una escritora joven ucranianam Victoria Amelina, una de sus acompañantes de la aventura, fue la décimo tercera víctima del misil que pretendía matar a Abad y a quiénes encontrarse.
Héctor Abad Faciolince, había escrito contenidos que ubican en el contexto cultural, geopolítico y real del conflicto, así como parte de su historia personal. No pretende hacer un relato de viaje, sino una introspección ya anunciada, en el marco de la guerra de rapiña de Putin, como parte de la campaña “Aguanta Ucrania” pero alcanza a ser subjetivo, interno, emocional.
Un raro narrador. Abad escribió “El olvido que Seremos”, sobre la muerte por asesinato de su padre, o “Salvo mi corazón, todo está bien” que narra la vida y muerte de un cura bueno, que afronta los desafíos de su vocación y de un mundo convulso conjurado en su muerte.
“Ahora y en la hora” pinta las ambiciones de Putin, su voracidad, como causa de los horrores de la guerra, todo por ser una nación que pretende ser un estado soberano y libre.
Un siglo XXI que ha regresado a los horrores, como dice Padura, un carnaval de paranoia e intolerancia, que debería obligarnos a cuestionar a dónde vamos y si las cárceles serán el sistema que anhelamos o los cementerios con su igualdad horizontal.
Abad da sus respuestas a esas preguntas, nos asegura Padura. La noche fatal del 27 de junio del 2023, pudo ser su última hora, pero no lo fue. Era todavía necesaria su reflexión sobre asuntos cardinales del género humano, las reflexiones de las 5 personas que estuvieron en esa mesa, y de las cuales la muerte sólo le dio pasaporte a una de ellas, la chica de Ucrania, entre los 13 que se llevó.
Una historia incentivada en la realidad, sin duda de un autor latinoamericano de buenas maneras de clase mundial. “Ahora y en la hora” sin duda es un bloque defensivo más que aportó en el cimiento de la supervivencia de Ucrania, aunque estuvo cerca de no contarlo.
Pero es válido, que nadie se muere en la víspera, y quedó el testimonio de Abad Faciolince, que buscó sin quererlo, un aliciente tremendo para su literatura, que finalmente es esencial, es vital, es de vida o de muerte, sin escapatorias.
Veo su imagen, parece un sacerdote con suéter negro, camisa blanca, con la inevitable libreta y una pluma, sus armas. Su causa, es la de “Aguanta Ucrania”, su historia es de hechos reales, vividos y cuestionados por sus reflexiones, en una zona en que nadie puede estar seguro de quién será el próximo.
Es un guerrero, es un hombre de letras, un profeta que anuncia las nuevas condiciones del mundo, en que seguimos en la misma encrucijada de siempre, entre el poder totalitario, corruptor y destructivo, doblando los valores y la moral la gente, o eliminándola para siempre.
Vi Ucrania, de lejos, desde la frontera de Hungría, supe que ahí estaba la guerra, los bosques de álamos, colinas, y la distancia y el frío. La paz y el silencio de la zona como si no estuviera pasando nada.
No pude evitar sentir emociones encontradas, porque sigo con mi serie de una guerra que no debió ocurrir, pero que he seguido paso a paso, pero que parece un sino inevitable de la humanidad ampliada por las ambiciones criminales siempre impunes, siempre arrogantes y lanzadas como afrenta a cada generación que demandan sacrificios humanos inevitables.
Y la verdad, desde Europa Oriental, sentí alegría de no estar al otro lado de esa frontera; era mejor entender desde lejos; en realidad cuándo leí a Padura, supe que Héctor Abad, estaba dispuesto a pagar mucho, todo por escribir. (Milenio 14 junio 2025).
Ahora y en la hora, es un momento inevitable, el reto al destino que elije de manera incomprensible, modo, tiempo y lugar y eso requiere de mucho: Miedo/valor/ inocencia y malicia/ de un hambre de narrar significados profundos, atrévase a leerlo a su modo es un guerrero de Gloria a Ucrania y un espejo de la humanidad reflejada en pedazos, para usted, sin meterse a la boca del lobo.
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