
Por Manuel Gutiérrez.
“La era de la turbulencia” es entre las obras del presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, el reflejo certero de lo que vivimos y que parece volveremos a vivir.
Alan Greenspan, fue el “Oráculo” con que cerramos el siglo y arrancamos el XXI y el estudioso judío egresado de la U. de Columbia y de Nueva York, ofreció valiosos servicios a las crisis mundiales, incluyendo tratamientos a las que vivió México, severamente en 1982, en 1994, ya que la debacle de México afectó como dominó los escenarios mundiales, las Bolsas y los Indices. Sus opiniones normaron políticas mundiales del Fondo Monetario Internacional, y su actividad cuidando el efecto de la reserva de oro mayor del mundo, se utilizó constantemente para restaurar la estabilidad.
Alan Greenspan si cumplió como Oráculo al anunciar el quebradero de cabeza que suponen las pensiones para los jubilados en el mundo, lo que implica mucha transparencia y seguridad en sus manejos, más ahora que las Afores se invierten en bolsa extranjera, por las manejadoras como Sura, que intentan rendimientos.
Alan explicó que la guerra de Irak tuvo un fondo determinante en apropiarse del petróleo de Hussein, pero fue un país difícil de manejar para las empresas contratistas que luego de la guerra, supusieron que habría fáciles ganancias en la tremenda necesidad de obra de reconstrucción, recordemos que Sadam fue capaz de incendiar todos sus pozos petroleros, en una acción que ecológicamente fue un desastre.
Los planificadores estadounidenses pensaron en Irak como un país occidental, pero pagaron caro el error.De hecho, Irán es otra página de la misma historia.
Encontraron a un país fundamentalista, con mentalidad de guerra, desconfianza de lo extranjero, que bien puede situarse pese a la modernidad, en la edad media del Islam.
Hussein fue invasor de Kuwait e inquieto seriamente a Arabia Saudita y en el otro extremo a Israel joya creada por la política británica, apoyada por el Banco de Inglaterra, favorecida por la riqueza de la diáspora.
Incluso sobrevivió a una cruenta guerra de diferencias religiosas y étnicas con Irán. Pero dónde Busch montó en cólera, fue cuando Irak movilizó todas sus reservas de oro y dólares a euros, con la finalidad de crear un quebranto al dólar.
Esta fue la verdadera bomba que no le perdonaron y que motivo la segunda operación mundial que culminó con su asesinato. Lo que siguó después solamente fue una guerra vista como negocio por la administración Busch, en que gastan billones, se mueve la industria militar, se renuevan inventarios, salen las bombas almacenadas y viejas, suben las acciones de las empresas relativas al pentágono, en fin grandes beneficios directos.
Por ello a Trump le suena bien un conflicto corto, con ganacias a la vista, pero aunque Greenspan observó la llegada de China, es ahora con Rusia, un jugador mundial, capaz de frenar las intenciones imperialistas norteamericanas.
Adam Chomky, investigador californiano, de radical postura de izquierda, y también de origen judío explicó la guerra de Vietnam, y las posteriores en el golfo pérsico como movimientos contables, seguidos estadísticamente para que ganaran las acciones corporativas en las Bolsas.
En el caso de Irak, salvo la llave del petróleo, que es suficiente para cubrir todos los gastos, no se dieron ganancias de la ocupación, ni se moldeo una forma de vida occidental, ni los recursos mediáticos, han logrado afectar sus valores y forma de vida, como en el occidente, en que los jóvenes han sido moldeados por nuevas propuestas de vida, resultado de las redes.
Greenspan es testigo, como lo fue desde Nixon y Regan, el baluarte de las crisis económicas que se resolvieron marcando las políticas federales e internacionales de la Reserva. Su preocupación por la burbuja inmobiliaria, que tanto afecta en los Estados Unidos, en que la hipoteca sobre hipoteca, es una forma de financiamiento, hasta que pierden la casa. Greenspan asegura que el dinero tiene un costo, no es fácil y solamente refleja la situación de una economía.
Ahora por las nuevas políticas de la Reserva, el interés se mantuvo estable, pero el precio del dólar, sin conspiraciones, solamente a su valor preciso del momento es de 1500 dólares la onza. Con la incertidumbre del mercado, podría llegar a 1600 dólares, simplemente el Centenario mexicano, alcanza más de 30 mil pesos y puede ir a la alza.
Los mexicanos pueden incentivar el consumo de metales, como protección ante los riesgos del nulo crecimiento en la etapa de AMLO, optar por bienes raíces, o convertir en moneda extranjera, como el dólar. Algunas empresas, incluso han colocado fuera sus capitales, por desconfianza. El desempleo, la baja de las ventas, la contracción de inversión, los proyectos petroleros de Pemex que no acaba por despegar más que en el Congreso del Petróleo Mexicano, en que Octavio Romero se dio el lujo de manejar cifras felices de productividad de Pemex, pero en contradicción a las instituciones internacionales que dicen que hay un trimestre de baja de producción constante.
Barclays indica que el crecimiento mexicano no será de 1 por ciento, sino menos, 0.5 a 0.8 por ciento. El índice Kearney de confianza en la inversión nos bajó del lugar 17 al 25, esto es como somos vistos desde afuera, no donde otros datos rifan.
Esto puede aterrar a los mexicanos que están activos en el mundo empresarial, industrial, agrícola, o en ahorro, en la inversión, en el emprendimiento. Pero la tendencia mundial, pinta para el glorioso regreso del oro, no como patrón monetario, sino como valor por sí mismo, de garantía.
Oro que se recolecta en minas canadienses, como ejemplo, entre San Luis Potosí y Zacatecas, moviendo miles de horas hombre, miles de toneladas de tierra,muchos miles de litros de agua, uso de cianuro, productos químicos. Se supone vigilado celosamente por el gobierno mexicano en todos los rubros…son concesiones que de otra forma, no se rescata ese metal y se exporta.
Al final no es tanta la ganancia por lo obtenido. Ya vimos que el oro no es amigo del medio ambiente,pero seguirá siendo solicitado y codicia mata ambiente.
Isaac Newton, fue su último alquimista, intento por medios químicos la transmutación. Lo que fue cierto es que trabajo en la casa de moneda de Londres, y finalmente fue su jefe. Incluso fue detective buscando a los transgresores que adulteraban la moneda o la degradaban. Fue un brillante economista -agregue los títulos de sabiduría de física que guste- monetarista y fiel creyente del oro. Cambrigde lo reconoce en su momento, en su contemporaneidad, por sus aportes económicos más que por sus leyes físicas, eso fue despúes.
Fue último alquimista real de la estirpe de los que en los cuentos de magia buscaban transformar metales pobres a oro su contribución a la economía mundial, más bien se desconoce, otro Mago de Oz.
En Praga, esto de la alquimia, fue una verdadera enfermedad, pero dio notas de místerio a esa prodigiosa ciudad. La ciudad de los alquimistas todavía alguien quiere ser un nuevo Midas y convertir basura en oro.
Lo cierto que el oro producido, salvo porciones en el fondo del océano por naufragios, y desgaste por uso, sigue vigente en la cantidad y tonelaje necesario para mantener vivo en el siglo XXI su atracción como solución a las crisis.
Y puede ser abundante, pero no conviene porque baja de precio. Hay que saber comprar y vender…Y ahora, va para arriba, la rueda giró de nuevo, la humanidad olvida lo aprendido y sueña que la tranquilidad la dará el oro.
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