
Por Laura Gutiérrez Franco
El fervor mundialista y la pasión desbordada por el encuentro entre las selecciones de México y la República de Corea del Sur rebasaron por completo las previsiones de seguridad en los principales centros urbanos del país. Previo al silbatazo inicial, los FIFA Fan Fests de Guadalajara, la Ciudad de México y Monterrey se convirtieron en auténticos focos de tensión, registrando preocupantes desbordamientos y los ya temidos “portazos” debido a la saturación de aficionados que colapsaron los accesos principales en el corazón de estas metrópolis.
En Guadalajara, el epicentro del caos se localizó en la Plaza Liberación. Pese a que las autoridades de Protección Civil decretaron el “semáforo rojo” al alcanzarse el límite de 50 mil personas, la desesperación de la multitud que se quedó afuera provocó el colapso de las vallas metálicas y la ruptura de los filtros de ingreso. El saldo en el Centro Histórico tapatío incluyó escenas de sofocamiento, desmayos y múltiples civiles y elementos de la policía golpeados durante el repliegue táctico.
Un día antes, luego del concierto de Maná en La Minerva, por la zona de Chapultepec, las turbas estuvieron de alguna manera violentas, ya que zangolotearon autos privados y hasta patrullas de la policía casi hasta voltearlos, acción que resulta muy peligrosa.
También en esa zona y saliendo de un bar, hubo un pleito donde murió un colombiano, pero no era turista. Era alguien asentado desde hace algunos años en Guadalajara y que al parecer pertenece a esos grupos de préstamos ilegales llamado “Gota a gota”. De todas maneras en violencia.
Por su parte, la Ciudad de México revivió la tensión en la plancha del Zócalo capitalino. La marea verde superó los controles de seguridad en las inmediaciones del primer cuadro, donde los empujones y la presión de miles de personas por conseguir un espacio frente a las pantallas gigantes provocaron altercados y desorden en medio del tumulto.
En Monterrey, la situación escaló de manera distinta pero igualmente compleja. Ante las restricciones y adecuaciones climáticas que han afectado la logística local, los accesos a las zonas de transmisión masiva registraron conatos de bronca y portazos provocados por la impaciencia de los seguidores. Horas más tarde, el desorden se trasladó al Barrio Antiguo, donde las celebraciones post-partido derivaron en riñas colectivas que requirieron la intervención de la Policía de Monterrey y la Guardia Auxiliar, concluyendo con un saldo de 13 personas detenidas.
Este fenómeno de descontrol no es exclusivo de las sedes mexicanas; la violencia ha permeado a nivel internacional. En Estados Unidos, particularmente en Nueva York, se registró una brutal pelea a golpes protagonizada por aficionados argentinos que, paradójicamente, irrumpieron en violencia y agresiones físicas aun cuando su equipo resultó ganador. Este incidente demuestra que el torneo se ha convertido en el escenario de constantes pleitos que las autoridades internacionales no han logrado detener ni encauzar de una manera armonizada o pacífica.
El trasfondo de esta agresividad colectiva encuentra una explicación precisa en la teoría sociológica. Max Weber ya advertía cómo la acción de la masa diluye la responsabilidad individual, transformando la conducta racional en un actuar puramente afectivo y contagioso, donde el individuo se deja arrastrar por la corriente del grupo.
Por su parte, José Ortega y Gasset, en su célebre análisis de La rebelión de las masas, describía con lucidez cómo el “hombre-masa”, al verse sumergido en la muchedumbre, pierde la capacidad de argumentar o escuchar; su actitud se vuelve terca, intolerante y agresiva, recurriendo a la acción directa y a la fuerza como único mecanismo de expresión.
La masa no dialoga, se impone.
Los incidentes de esta jornada encienden las alarmas sobre la capacidad operativa de los ayuntamientos y los comités organizadores locales. Cuando la gente se funde en la masa, el ánimo se enciende y la contención se vuelve casi imposible. La falta de control en las inmediaciones de los Fan Fests demuestra que el manejo de las multitudes sigue siendo el eslabón más débil en la logística de este Mundial, dejando en evidencia la urgente necesidad de replantear los protocolos antes de que la pasión cobre facturas más graves.
Y bueno, ganó México 1-0, muchos dicen que el gol les cayó del cielo y que el partido fue todo a la defensiva. Les faltó mucho.
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