
Staff A Fondo.- No bueno. Quedó confirmado que en la Guadalajara que gobierna Verónica Delgadillo hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Al menos esa es la percepción que dejó el partido entre México y Corea del Sur, donde no sólo hubo diferencias en las tribunas, sino también en la forma de hacer política.

Mientras la alcaldesa tapatía disfrutaba del encuentro desde las zonas privilegiadas del estadio, rodeada de políticos VIP, empresarios e invitados especiales, llamó la atención que ni siquiera se sumara al entusiasmo futbolero vistiendo la camiseta de la Selección Mexicana. Tal parece que mezclarse con la afición no estaba en el protocolo.
Del otro lado de la ciudad, en la Guadalajara que rara vez aparece en los videos institucionales y donde los servicios públicos suelen llegar con retraso, la diputada federal Mery Pozos convivía con vecinos de San Jacinto. Sin mayores ceremonias, portó el jersey tricolor y siguió el partido junto a cientos de aficionados que celebraron el triunfo nacional lejos de los palcos y las áreas exclusivas.

La imagen fue inevitablemente contrastante. De un lado, el Mundial de los invitados especiales, las fotografías oficiales y las relaciones públicas. Del otro, el Mundial de las colonias populares, de las familias que hicieron espacio para ver el partido en comunidad y de quienes siguen esperando que la modernidad municipal llegue más allá del Centro Histórico.
Así se vivió otra postal mundialista en Guadalajara: Verónica Delgadillo con la élite política en los espacios VIP; Mery Pozos con la gente en San Jacinto. Dos escenarios, dos estilos y, para muchos, dos ciudades completamente distintas.
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