
Por Horacio Villaseñor
“El desastre es un problema de desarrollo que no se resolvió a tiempo.” — Allan Lavell

Cuando un particular paga y obtiene una licencia municipal para operar un negocio comercial o inmobiliario, o construir su vivienda, supone que tendrá todos los servicios en inmejorables condiciones a los que tiene derecho; la zona no se inundará, no le faltará agua, estará limpia, el tránsito será fluido y seguro (en todo tiempo), las calles serán suficientes, iluminadas por la noche, sin hoyos, bien señalizadas y balizadas y no habrá árboles en peligro de caer, ni cables colgando y que la policía preventiva asegurará el orden esperado, simplemente que todo estará bien, por ello recibió su licencia, permiso o autorización. Para Allan Lavell, científico, geógrafo británico-costarricense y uno de los fundadores de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina, el Ayuntamiento es el responsable cuando la vulnerabilidad es previsible y evitable. Si el gobierno municipal tiene los mapas, las leyes, el presupuesto y el poder público, pero decide no actuar, o no sabe cómo hacerlo, el desastre resultante no es un acto de Dios ni de la naturaleza, sino un acto de omisión e ineptitud gubernativa. El Ayuntamiento tiene la responsabilidad exclusiva de proveer los servicios básicos, si él no los provee nadie más puede hacerlo. Así, por omisión, se genera la vulnerabilidad social de forma directa. Los riesgos que existen en la ciudad no son el problema, sino la consecuencia de malos gobernantes. El problema es la vulnerabilidad y para Lavell, no otorgar servicios espaciales municipales efectivos, entiéndase que sirvan, que resuelvan, no es solo un error técnico, es una decisión política que expone a todos los ciudadanos a múltiples calamidades, a los más pobres con mayor impacto. El Ayuntamiento de Guadalajara tiene obligacionesclaras, pero en lugar de hacer lo que debe, por ignorancia decidió hacer “corresponsable” a la ciudadanía de lo que él solo podría lograr. Por cierto, desde el enfoque de la gestión pública la corresponsabilidad solo es entre órdenes y entidades gubernamentales. Si la gente desperdicia agua, tira la basura donde se le antoja, pide dinero en los cruceros “causando lástima”, saca a su mascota sin correa, circula en su motocicleta entre los autos, se mete al alcantarillado (como las Tortugas Ninja) o vive en los túneles vehiculares y en camellones o roba y asalta, es porque puede hacerlo. Lavell sostiene que la amenaza o el riesgo es a menudo inevitable (la gente hace lo que le conviene), pero la vulnerabilidad es una construcción social y responsabilidad solo del gobierno municipal. El desastre está a la vista. Si no hay “autoridad” la gente hará lo que le plazca. La obligación del gobierno es atender la vulnerabilidad detodos los sistemas públicos, asegurando que las reglas se cumplan y que la calle esté diseñada de tal forma que un acto imprudente no termine en una tragedia para ninguna de las partes. En el caso de los motociclistas, “el colmo” es que hasta los oficiales de tránsito circulan sin justificación legal entre los carriles. El ayuntamiento se desentendió de la policía vial, argumentando que en una metrópoli el tránsito debe tener un enfoque intermunicipal, pero al desentenderse nos tiene en permanente peligro.Constitucionalmente, el tránsito es función municipal, si hace años la cedió al Gobierno del Estado y esté, evidentemente no puede, el Ayuntamiento de Guadalajara no debe simplemente lavarse las manos, ya que él sigue siendo el titular original de esa responsabilidad. Si el servicio de tránsito es deficiente de forma sistemática y tiene en constante peligro a la población, un ayuntamiento responsable debería reconsiderar auditar la policía vial y revertir el convenio con el orden estatal, pero como el ayuntamiento actual es muy chafa no lo hará. El motociclista debe atender su conducta, pero es libre de hacer con ella lo que guste, en cambio, el ayuntamiento está obligado a atender la vulnerabilidad del sistema, asegurando que las reglas se cumplan y que la calle esté diseñada de tal forma que un acto imprudente, consciente o no, no termine en una tragedia para ninguna de las partes. Cuando el ayuntamiento falla, los peligros pequeños se vuelven críticos, los peligros grandes se vuelven incontrolables y los gobernantes actuales dejaron a la ciudadanía sin el primer frente de defensa, ese es el problema, no los motociclistas riesgosos. ¡Ni hablar!
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