Por Horacio Villaseñor Manzanedo
El error, sin duda, es parte de la acción gubernamental, pero cuando no hay acierto alguno, entonces el error deja de ser error y se convierte en un meta-error, incapacidad directiva que hace que el gobierno, considerado un mal necesario, sea ahora una pesadilla. Se convierte, entonces, en ineptitud gubernativa, con consecuencias terribles para la sociedad. ¿Por qué los “servidores públicos”, y en consecuencia los servicios que prestan son tan chafa? Simple, porque, en el mejor de los casos, si los directivos públicos no son unos sinvergüenzas, son muy mensos. Hace muchos años, más de 33, cuando me iniciaba en el estudio de la administración pública, creía, por cierto, erróneamente, que los servidores públicos de base, los sindicalizados eran, por lo general, unos flojos y rateros, estaba equivocado, pronto comprendí el dicho de “quién es mandado no es culpado”. Con el tiempo entendí que la función pública, en teoría, está diseñada para contar con directivos públicos, jefes, capaces, expertos y con experiencia en la materia, nada más alejado de la realidad. Jurídicamente, si la “tropa”, los servidores públicos de base, roban o no hace bien su trabajo, la responsabilidad es del jefe superior inmediato, encargado, por ley, de planear, dirigir, vigilar, supervisar, corregir, sancionar y asegurarse de que todos sus dirigidos cumplan con las disposiciones jurídicas aplicables, para eso se les paga y se les mantiene, pero como no lo saben o no saben como lograrlo cometen errores de segundo nivel, errores que ya no dejan ver que te estas equivocando y llevando tu encargo al precipicio. Me explico, el gobierno se desarrolla en un contexto organizacional complejo, de allí que gobernar es cosa seria y no cualquiera puede lograr los resultados esperados por la sociedad, mucho menos las personas a las que les encargan una función pública por el único “mérito” de ser conocida o conocido de alguien, particularmente porque la función pública tiene implícito el cometer errores y accidentes, pero cuando el error es ya no poder ver que te estas equivocando, las deficiencias, insuficiencias e incapacidades directivas, en un contexto organizacional público sistemático daña a millones de personas. La sociedad tiene la creencia y la esperanza de que sus gobiernos saben lo que hacen, saben tomar decisiones correctas y solucionar los problemas públicos relevantes, pero pasa el tiempo y no se soluciona nada. Creer que las decisiones gubernamentales son un acto racional y tomadas por gente preparada, es solo un sueño de la modernidad, la realidad es que las facciones que ganan una elección y que llegan al poder público, lo hacen con un enfoque de botín, y en el mejor de los casos, si tienen buenas intenciones, deciden bajo el esquema acostumbrado, único conocido, y terminan haciendo lo mismo de siempre, empeorando todo, porque problema público que no se soluciona, a tiempo, crece. Los gobiernos, y sus instrumentos organizacionales son muy limitados y si sus directivos públicos no son gente sensata y con la humildad suficiente para dar paso a la autocritica y a la autocorrección, sin duda destruirán lo muy poco que medio funciona y la sociedad sufrirá las consecuencias de un gobierno inútil y dañino, dirigido por puros mensos, “limitaditos”, probablemente no pobres, pero sí mensos. Ni hablar.
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