Horacio Villaseñor Manzanedo*
Nadie, en sus cinco sentidos, estará en desacuerdo respecto a la conveniencia de reutilizar o reciclar la bolsa de plástico, pero: ¿prohibirla? La bolsa de plástico es innocua, inerte y duradera, no solo no causa daño alguno, sino que fue inventada para resolver múltiples problemas de sanidad y transporte.
Respecto a su sostenibilidad e impacto medio ambiental , de un análisis serio tomando en cuenta el ciclo de vida de la bolsa, o sea, su fabricación, energía usada en su producción y transporte, su almacenaje, su vida útil, etcétera, se desprende que la bolsa de plástico es la más sostenible de las bolsas existentes, sale mejor librada que la de algodón o papel.
La bolsa de plástico de polietileno surgió exitosamente en los años 60 como una alternativa sostenible a las bolsas de papel que, entonces, se usaban.
La bolsa de plástico volvió muy cómodas muchas actividades cotidianas, un ejemplo, las que daban en los supermercados y que la sociedad reusaba para tirar la basura, de casa, en el camión recolector.
Con la estúpida prohibición, ahora hay que comprar bolsas de plástico, gastar dinero que antes no gastábamos, para tirar la basura, porque los trabajadores de limpia no se llevan nada que no esté embolsado.
Lo peor es que la prohibición proviene de “políticos” improvisados e ignorantes del derecho público que no lograron atinar que la obligación de la función pública, de acuerdo con la constitución, es hacerse cargo de la limpieza de todos los espacios públicos, incluyendo la recolección, traslado, tratamiento y disposición final de los residuos que allí se observan, lo que significa que su obligación es también asegurarse que las bolsas de plástico se eliminen adecuadamente, pero como no pueden hacer su trabajo, eliminar la bolsa adecuadamente, prohíben su uso, y si no hay bolsa, no hay que eliminarla adecuadamente ¡qué vivos! El problema no fue, ni será la bolsa de plástico, el problema es la ineptitud, la incapacidad de los ayuntamientos para cumplir su obligación de evitar que las bolsas lleguen a los ríos, lagos o mares, el problema es la inadecuada disposición final y eso le toca resolver solo al gobierno municipal. Ante su incapacidad para barrer, lavar y mantener todas las calles y avenidas limpias, permanentemente; su limitación intelectual para implementar plantas de transferencia suficientes y trasladar los desechos a los lugares de tratamiento y eliminación adecuada; sus insuficiencias para asegurarse que durante esos traslados no vayan tirando la basura por todos lados haciendo un cochinero; o para, eliminar las basuras sin causar daño alguno a la humanidad, lo único que se les ocurrió fue la vacilada de que desapareciendo la bolsa de plástico y con ella las comodidades que otorgaba, se termina con un gran problema.
Lo que se debería prohibir, es la llegada, a la función pública, de gente sin preparación ni experiencia, que con su ignorancia causa más daño que una bolsa de plástico.
Nos regresaron a los años 60, ni modo.
Horacio Villaseñor Manzanedo* •Maestro en Gobierno y Administración Publica Municipal y Estatal.
•Miembro de a Red Nacional de Investigadores en Gobiernos Locales Mexicanos, A.C. (IGLOM) .
•Miembro de la Red Gobernanza Metropolitana del CONACYT.
•Profesor en la Maestría en Gestión de Gobiernos Locales, en la UdG.
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