Horacio Villaseñor Manzanedo
Simple, no sirven para solucionar problemas relevantes porque se integran con gente chafa.
Por regla general, los “políticos” que llegan a gobernar junto con sus cuates, son improvisados en la gestión pública, que llegan al gobierno por coyuntura, oportunistas, unos por ser “conocidos” de alguien y otros por aportar votos de forma clientelar, pero no por vocación, en el entendido de que tener vocación, no es que te guste algo, sino que seas experto en ello y cuentes con capacidad para dirigir y solucionar.
Allí inicia el problema, no hay gente con experiencia ni preparación para dirigir los corporativos públicos, sencillamente, porque tampoco hay mercado al respecto. ¿Para qué estudiar y preparase en temas de gobierno si no es a través del mérito como se llega a los cargos públicos? Tampoco es un asunto de leyes, toda vez, que si el gobierno es chafa, no podrá aplicarlas ni castigar a nadie por no cumplirlas. ¿Entonces? Los gobiernos, hoy, no gobiernan, no sirven porque las mujeres y los hombres que le dan vida no tienen preparación ni experiencia en lo que hacen, por allí hay que iniciar.
Si las y los políticos no saben y no pueden gobernarse a sí mismos ¿cómo podrían gobernar al gobierno?, y si no saben cómo gobernar al gobierno ¿cómo, el gobierno, podría ser útil para gobernar un territorio y una sociedad? Las organizaciones se construyen con personas, personas naturales que, al formar parte de ese arreglo, de ese orden, y se les da un cargo, deben comportarse como la sociedad desea que ejerza ese encargo en esa organización particular, de allí que la persona natural se debe quedar en su casa y en el ejercicio de la función pública, es la persona artificial, esa de la que nos habla James S. Coleman (1926-1995), sociólogo norteamericano, conocido por el desarrollo de la Teoría de la Elección Racional, la que debe ejercer dicho cargo.
De aquí la primera conclusión; no importa lo que crea, desee o sienta la persona natural que ejerce un encargo público, sino lo que la organización piense y ordene, que debe hacer la persona artificial a la que se le encarga algo para poner orden. ¿Entonces gobernar es una actuación, se requiere de artistas? ¡Claro! Difícil de comprender y lograr porque se trata de personas de carne y hueso, en un sistema democrático donde nadie tiene el monopolio de la verdad, a pesar de ello, un sistema mejor que el deseado por los déspotas. Se requiere de “artistas”, profesionales de la función pública, que comprendan que el camino es lograr una sociedad incluyente. Hay que intentar que la gente, por el medio que sea, el que más le guste, se regale la capacidad de comprender que los valores personales, deben estar alineados al valor público, a través de la tolerancia, entendida como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias, pero obligadamente, en el marco de los límites de la ley. Entonces, si el problema es la falta de calidad de las personas artificiales, hagamos que las y los directivos públicos sean gente civilizada y culta, inteligente, solo así a las administraciones públicas, el tiempo y el dinero, les sobrará. El dinero es reputación, pero, esa reputación depende de la forma de adquirirlo y destino que se le dé, por ello, los gobernantes que endeudan, desperdician o se roban el dinero del erario, al dejar a las siguientes administraciones en la esclavitud de la deuda, la miseria, la indigencia y la mendicidad, se irán desprestigiados, en su persona natural, para siempre, pero si los que llegan, saben gobernarse a sí mismos, podrán gobernar al gobierno y este, a su vez, podrá ser útil a la sociedad, cumpliendo con su razón de ser. ¡Enhorabuena!
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