Horacio Villaseñor Manzanedo
En mi opinión, porque el entramado contemporáneo social no se puede entender sin saber cómo funcionan las organizaciones y en este caso, específicamente, la organización pública administrativa. Gobernar, es solucionar, resolver los problemas generales, empezando por los relevantes, a través, del poder público y no solo intentarlo. Para ello, lo primero es poder poner orden adentro del gobierno, ¿cómo podría poner orden una organización desordenada, descontrolada, no gobernada? La criatura social llamada gobierno está integrada por personas, seres humanos con creencias, valores e intereses distintos y particulares, de allí que para tratar de controlar la incertidumbre de no saber qué harán o dejarán de hacer los encargados temporales, el orden público, que es atemporal, fundamenta su actuar en la obligatoriedad legal de que esas personas de opiniones distintas, en el ejercicio de la función pública se limiten a cumplir la ley, sin duda, son ciudadanos libres, pero ahora encargados de gobernar con límites para tratar de evitar ocurrencias, preferencias y corrupción. Gobernar implica conocer la ecuación especifica e incluir en la acción gubernamental, como un elemento básico, la variable organizacional, variable que no han atendido y que hace que partidos políticos distintos entren y salgan del gobierno sin hacer ninguna diferencia más que para sus allegados, conocidos y miembros de la facción que gobierna. La batalla política es una cosa, tiene su propia lógica, pero el corporativo público, es otra que, si no se toma en cuenta, las buenas intenciones de los políticos se atoran al entrar en la arena organizacional. La organización pública, se dice potencia las capacidades que los políticos necesitan para solucionar lo que desean, si la organización gubernamental no está controlada, no solo no potencia nada, sino que atasca todo. Cuando me inicié en los estudios de la función pública, creí, erróneamente, que los actores que causaban la falla en los gobiernos eran los servidores públicos de base, ¡tremenda equivocación! El problema no son los basificados, empleados que deben ser dirigidos, enseñados, controlados y, eventualmente, premiados o sancionados, por sus superiores, los directivos, esos personajes que no llegan por mérito público, sino por ser conocidos de alguien. La variable organizacional supone, en teoría, la integración de profesionales de la administración pública, y la realidad es que no es así, este es el origen de la ineptitud gubernativa, el equipo directivo no sabe poner orden, ni enseñar nada, entonces, los trabajadores de base terminan haciendo lo que saben hacer, lo que siempre han hecho o lo que les conviene hacer. Una cosa es diseñar políticas públicas y otra es tener una maquinaria organizacional que permita y asegure la suficiencia, continuidad y uniformidad de esas acciones. Enfocarse, primero, en los problemas que dice tener la sociedad o una comunidad en específico y anunciar que los solucionarán, está bien, pero si la herramienta con lo que lo harán no funciona, al tiempo, quedará demostrado que no solucionaron nada. De muy poco sirve conocer cuáles son los problemas públicos de una sociedad, si no se sabe cómo lograr la dominación del equipo interno, no el de la facción gobernante solamente, sino la de todos los miembros de la organización pública que es la que genera el orden público y que solo pueden dirigirla expertos en lógica organizacional. Sin directivos públicos expertos nunca habrá gobiernos que produzcan soluciones porque faltará siempre orden adentro, faltará la administración y el derecho público. Si los jefes fueran expertos en la materia, los servidores públicos de base lo agradecerían, para ellos no hay nada más triste que ser mandados por gente que no sabe, jefes de los que no se aprende nada y que harán pasar otros tres o seis años de sus vidas haciendo lo mismo de siempre, sin satisfacción colectiva ni reconocimiento público alguno. ¡Ni hablar!
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