
Horacio Villaseñor Manzanedo
Hace 18 años, un joven diputado local de Jalisco, por razones que él sabe mejor que nadie, promovió la integración de ocho municipios en un área metropolitana de Guadalajara, lo que en mi opinión fue un error, por cierto, hoy ya son nueve. Su iniciativa de decreto para crear el Área Metropolitana de Guadalajara avanzó, se aprobó en el 2009 cuando él terminaba su encargo en el Congreso local, como alcalde electo de Tlajomulco de Zúñiga.
Lo que seguía a la creación del área metropolitana, era aprobar una ley estatal de coordinación municipal disque para “abrir la puerta” a un instituto metropolitano de planeación que “tanta falta hacía”. ¡Vaya estupidez! Me explico: En 2007, Enrique Alfaro, entonces diputado perredista, impulsó la creación de la Comisión de Asuntos Metropolitanos del Congreso del Estado de Jalisco y su correspondiente órgano interno encargado de esos asuntos. Los motivos oscuros de todo este show, solo sus actores los conocen porque en realidad no era necesario crear un área metropolitana con ocho municipios que no tienen asuntos metropolitanos comunes y menos existiendo la zona metropolitana integrada por los cuatro municipios que sí están conurbados y, eventualmente, comparten algunos problemas que pueden considerarse comunes. Lo único que se debió hacer era integrar a Tlajomulco a la zona metropolitana existente, reconocida por el gobierno federal desde 1958 hace casi 70 años. La constitución nacional prevé la posibilidad de que los municipios se coordinen o asocien para asuntos comunes, de allí que el SIAPA, un sistema intermunicipal para el agua potable y drenaje se haya creado en 1978 sin la necesidad de que existiera una ley de coordinación metropolitana. Mi tío, Jorge Matute Remus, propuso un SIAPA porque así se podía ahorrar dinero público logrando que el sistema fuera común a los cuatro municipios que se estaban juntando.
La idea fue crear un solo sistema de acueductos y colectores para Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, un sistema común, o sea, no privativo de nadie y perteneciente a todos, “tubos comunes” sirven a los cuatro municipios, ese es el espíritu constitucional de una coordinación y funcionó bien muchos años. Por otro lado, la equivocada “idea” de crear una agencia metropolitana para la basura, solo distraerá y retrasará la solución verdadera al problema que, en mi opinión, va en sentido contrario a lo que se está haciendo, el camino es la fractalidad, porque un sistema de basura no tiene asunto común alguno, no hay razón para integrarse; ni la basura, ni los recolectores, ni su tratamiento y, ni la disposición final de los diferentes tipos de residuos sólidos son comunes a todos y el IMEPLAN, en lugar de proponer tremendo error, lo debió advertir. Si un acueducto se tapa, no llega agua a nadie, eso es común, en cambio si el camión de la basura se descompone, únicamente no hay recolección en la zona dónde está asignado.
No sorprende que el IMEPLAN, después de 11 años de creado, no sirva, porque se integró con una visión errónea. El IMEPLAN debió ser una pequeña dependencia con no más de cinco integrantes, expertos en administración pública local y con visión para fortalecer a los municipios, arreglarlos y “hacerlos que jalen” para que no pierdan el control de lo que por ley les corresponde, particularmente en sus asuntos comunes que, por cierto, no son muchos, en lugar de una dependencia costosa e inservible.
Constitucionalmente, el IMEPLAN nunca será autoridad y los ayuntamientos, aunque no tengan el control de las agencias metropolitanas creadas, seguirán siendo responsables de todas sus obligaciones constitucionales, entre ellas el sistema de limpia de la gran ciudad.
Fui el titular del órgano técnico de asuntos metropolitanos del Congreso del Estado de Jalisco cuando se aprobó la ley para la coordinación metropolitana, iniciativa que en 2009 vetó el mismo gobernador de no buen recuerdo que la publicó en 2011 cuando se le “corrigió la plana” a la promovida, en su momento, por Enrique Alfaro.
En 2012, de nuevo, modificaron la ley para conveniencia de unos cuantos, aprovechando la ignorancia de los alcaldes en temas municipales, entonces, ¡se los dije! “El IMEPLAN no iba a servir para nada”, no ha servido ni servirá. Ni hablar.
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