
Por Manuel Gutiérrez
Las secuelas de guerra son reales, son consecuencias físicas o mentales de haber estado expuesto al fragor de la batalla, aunque no sólo los militares ucranianos las padecen, también los civiles que fueron expuestos a detenciones arbitrarias, torturas, violaciones, degradaciones y esto también afecta a los menores. El capítulo de las mujeres es un espacio aparte.
Sabemos de las secuelas de la guerra, porque Ucrania mantiene abierta la puerta a los medios que buscan algo más que la nota común en el caso de Rusia, una debilidad mental se constituye en delito de abandono del frente, por lo que lo resuelven de inmediato. Una dosis de plomo de 45 gramos aproximadamente y el enfermo ha quedado curado para siempre, en ocasiones se les aplica en la nuca, para seguir la tradición rusa.
Clasifiquemos las secuelas: Mentales, físicas y de disminución de capacidades, maternales y de atención a víctimas mujeres de violaciones.
Las mentales merecen la atención y se aplican principalmente para atender a las víctimas de stress de guerra. Ucrania dispone que se les retire por 15 días del frente, y se concentren en centros médicos bajo el cuidado de especialistas tanto en psiquiatría como psicología.
Una intervención directa, inmediata e intensiva, porque el tiempo tiene límite para resolver el problema de generar un soldado funcional, un humano ubicado en la realidad y con capacidad de actuar de sólo quince días.
Los especialistas, sin embargo emiten sus diagnósticos. Han encontrado casos que requerirán años de atención para reparar los daños en la mente. Pero por ahora hay guerra y solamente se aplicará lo que pueda resultar en 15 dias. Las fotos de los soldados en terapia son elocuentes: Gigantes de 2 metros, con depresión visible, con miedo casi palpable.Son pocos, pero los hay, también los tienen los rusos, pero en una cortina impenetrable que los oculta y para ellos es más fácil eliminar a los “cobardes”.
El tiempo apremia y la demanda de hombres es interminable. Luego de tratarlos apresuradamente, la gran mayoría volverá al frente.
Si sobreviven se les podrá tratar en tiempo de paz, en instituciones apropiadas y por muchos años si Ucrania sale avante.
CIRUJANOS DE ALTA ESPECIALIDAD
En medio de la guerra, se ha propiciado un fenómeno el que los neurocirujanos, traumatólogos, y otros especialistas despachen y en forma urgente atiendan una creciente demanda de heridos, muchos de los cuales sobreviven. En tiendas de lona, con generadores de gasolina para tener energía eléctrica, encuentran los mejores especialistas del mundo, con sobrada práctica por la residencia de un año enfrentado heridas espantosas y aplicando curaciones insólitas.
De menos esa garantía tienen los heridos del frente. Son intervenidos de manera competente en condiciones que harían dudar a cualquier médico acostumbrado al orden, equipamiento y complejidad de equipos diversos de asistencia. En Ucrania los tienen y los usan, pese a las prisas y a la abundancia de la demanda de servicios.
Los médicos del frente tienen ganado el reconocimiento por hacer milagros, por ver muchas derrotas en sus mesas, pero sobre todo por mantener la esperanza. Un soldado ucraniano con una herida en la cabeza, que era pronóstico de muerte segura, ahora deambula cerca de la zona de operación. Se recupera satisfactoriamente de una herida que en forma inverosímil no le afecto ni la motricidad, ni su capacidad mental y ayuda en lo que puede. Pronto será de nuevo enviado al frente.
Pero los hospitales de guerra, derivan a muchos heridos a recuperarse en otros países como Alemania o Inglaterra. Allá terminan el trabajo de recuperarlos. La ortopedia tiene bastante demanda porque brazos y piernas se pierden irremisiblemente. Donaciones caritativas de diversas partes del mundo, de esos auxiliares les permiten continuar la vida, diferente pero se mueven.
Lo increíble a la par es la demanda de servicios dematernidad en Ucrania. El motivo es la tasa de natalidadpero no toda es ucraniana al cien por ciento. Muchas mujeres presentan embarazos pero fueron víctimas de ataques de los soldados rusos.
Dice el reportaje de Alberto Rojas de El Mundo, publicado el 6 de febrero en Milenio de este año: “ Natalia, psicóloga de la maternidad No. 2 de Kiev, lleva 15 terapias de mujeres violadas por los rusos, dos de ellas son niñas de 14 años, una de ellas es una niña de 5 años. ¿Fueron asaltos aislados de la ocupación rusa?.
No, fueron violaciones sistemáticas casa por casa”.
Hay pueblos en que el stress post traumático afecta al 85 o 90% de las mujeres que son atendidas lejos de sus comunidades para evitar la estigmatización. ¿Cree que sus violadores serán castigados algún día? “Estamos en ello, la Fiscalía tiene pruebas para presentarlas en la Corte Penal Internacional”.
Como sea, ante el parto, la urgencia se impone a la causa, y son atendidas con esmero. Cientos de mujeres son atendidas porque van a tener a su hijo, revisar su salud ginecológica o curar las heridas psicológicas que dejaron los criminales de guerra rusos.
Realmente en toda Europa hay rastros genéticos de los rusos, por su activo deporte de violar mujeres o lo que se muevaotra tradición de la invasión a Europa en la segunda guerra.
Los problemas morales son considerables para las mujeres ucranianas, que han optado por una represión autocontrolada de la libido incluso de los ciclos de fertilidad, como una acción mental ante el riesgo, según muchos testimonios.
No sienten que sean tiempos propicios para atraer nuevas vidas al mundo. El stress de la clínica operando bajo sirenas de bombardeo, suma también casos de mujeres enfermas oncológicamente por el percance nuclear de Chernobyl que sigue cobrando vidas por cáncer de Ucrania.
Los bebes parecen bebes, iguales a los de cualquier parte del mundo. Algunos serán aceptados como ucranianos, será endosados al novio en el frente, o de alguna manera, es vida y es valiosa.
El tema resulta muy complejo, pero la maternidad triunfa y cada historia tiene su contenido diferente, algunos nacen en sala de operaciones, otros en un sótano por el bombardeo.
Las víctimas de violaciones en tanto tendrán el mucho o poco apoyo que pueda prestarles el país en guerra, a la par que la solidaridad, comprensión, de los cercanos. Pero tienen que vivir, y vivir por todo lo que los rodea, tal vez hasta por los inesperados llegados al mundo o lo que queda de sufamilia.
Secuelas de guerra total. Entre prótesis de piernas, manos, piernas, entre heridas desfigurantes, entre terror mental, entre traumas de violación, es como se sostiene la gran víctima de la guerra, la población civil de Ucrania, que no solo requiere ayuda militar, sino ayuda humanitaria urgente y creciente.
Cada misil que mata o hiere civiles en las ciudades, los aumenta; cada mujer víctima de los rusos es un grito en la soledad, cada herido es un sufrimiento y muchas veces una incapacidad permanente. Este es el lado nada agradable de una guerra, y un porque la justicia internacional debe hacerse presente: Muchos crímenes de guerra, mucha impunidad por la fuerza, cada civil victimado es un caso.
El mismo problema sin las violaciones de civiles, lo tiene Rusia. Tienen enfermos mentales consecuencia de la guerra, mutilados, personas que serán o no inservibles luego de su servicio forzado en esa invasión.
Y muchos muertos, en una proporción de 8 rusos por cada soldado de Ucrania en el frente según estimaciones serias. La causa es el mejor entrenamiento de los defensores, en tanto Rusia es pródiga en enviarles soldados desechables.
Pero de ellos, no se habla, ni el Kremlin, ni informa, y menos aún admiten las secuelas de guerra, que permanecen, que duran, que no pueden olvidarse y que demandan un esfuerzo mayor que el bélico para subsanar los daños.
Ucrania de menos lo admite, de ello se derivaron en Milenio reportajes estremecedores sobre estas secuelas del corresponsal de guerra Alberto Rojas. Cada secuela era motivo de un amplio reportaje. El doloroso ver la otra cara de la guerra, la que revela los costos humanos en honor al Dios Marte, por ambiciones imperiales, ideas de superioridad racial, por elevar por encima de todo, el ejercicio del poder sobre pueblos vecinos.
Si, la guerra debe terminar, pero con un fin cierto, por tantos muertos y dolor y Ucrania sabe que eso es el costo de la victoria, recuperando todo su territorio y neutralizando la amenaza de una vez por todas, a esta generación le tocó ese sacrificio para que otros tengan futuro y libertad.
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