
Por Laura Gutiérrez Franco
Las cifras alegres del comercio exterior en Jalisco esconden una peligrosa paradoja. Si bien la entidad cerró el año anterior con un récord histórico de 52,576 millones de dólares en exportaciones —consolidándose como el líder indiscutible de los estados no fronterizos—, la realidad es que el motor económico de la región se está concentrando en una sola turbina: la alta tecnología y los componentes automotrices, dejando en el desamparo y en franca caída a las industrias tradicionales.
Mientras el sector electrónico, impulsado por la Inteligencia Artificial, y la manufactura automotriz gozan de una bonanza sin precedentes, la agroindustria, el calzado, el textil y los muebles —sectores que históricamente han dado identidad y empleo masivo al Occidente de México— sufren por falta de estímulos, conectividad y políticas de financiamiento.
De acuerdo con Miguel Ángel Landeros Volquarts, presidente del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce) de Occidente, esta brecha comercial deja un “sabor agridulce” que requiere atención inmediata. Los datos del sector privado y del Inegi revelan que la industria electrónica acapara ya el 72% de las ventas totales al exterior. El problema no es que a la tecnología le vaya bien, sino que su brillo eclipsa el foco rojo de la agroindustria y la manufactura tradicional, que han registrado desplomes de hasta el 17% en sus envíos.
Para los analistas y líderes de las cámaras industriales de la región, el diagnóstico es claro: el sector tradicional del Occidente de México necesita una intervención urgente y apoyos gubernamentales focalizados. A diferencia de las grandes multinacionales tecnológicas, los productores locales de alimentos, bebidas, moda y artesanías enfrentan severos obstáculos que frenan su competitividad:
• *Falta de financiamiento blando:* Las PyMEs tradicionales carecen de créditos accesibles para modernizar sus procesos de empaque y logística internacional.
* *Desaceleración de la demanda externa:* Sectores como el calzado y el textil sufren el impacto de la competencia desleal y la falta de misiones comerciales estratégicas para abrir nuevos mercados.
* *Infraestructura y costos logísticos:* El encarecimiento de los fletes y la saturación de aduanas golpean más fuerte a los productos perecederos de la agroindustria que a los microchips.
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El liderazgo exportador de Jalisco corre el riesgo de convertirse en una dependencia estructural muy peligrosa. Si el mercado global de tecnología se frena, la economía local no tendrá una red de seguridad. Urge que las políticas públicas de los tres niveles de gobierno volteen a ver a los productores tradicionales, inyectando capital, capacitación tecnológica para sus procesos y canales de comercialización. No se puede abandonar a los sectores que sostienen las economías de los municipios del interior del estado solo porque la capital brilla con el silicio.
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