
Por Amaury Sánchez G.
Dicen que Tlaquepaque es tierra de artesanías, mariachi y milagros políticos de Movimiento Ciudadano… Pero últimamente lo que más abunda son los amparos exprés y las auditorías que huelen a pólvora electoral.
Mire usted: la exalcaldesa Mirna Citlalli Amaya de Luna —quien gobernó San Pedro Tlaquepaque del 2022 al 2024— amaneció un buen día con el presentimiento de que alguien le quiere aplicar la de “¡Pásele, regidora, que la justicia la anda buscando para firmarle una orden de aprehensión!”
Y como aquí nadie quiere ser protagonista de una serie de Netflix con título como “De la Cabecera Municipal al Penal de Puente Grande”, Citlalli corrió al juzgado federal a pedir un amparo. Pero el juez, más confundido que burócrata en lunes, dijo: “¿Cómo que me demandas a mí mismo como autoridad responsable? ¿Qué no se supone que eso lo hace el SAT?”
Así que, ni tardo ni perezoso, se declaró incompetente. Bueno, al menos lo admitió con dignidad: “No soy yo, que sea Colima”, y mandó el expediente de paseo interestatal.
Mientras eso ocurría, en el palacio municipal, la actual presidenta —de Morena, claro— Laura Imelda Pérez Segura, se puso a revisar los cajones que dejó la administración pasada y encontró lo que ella dice que son 139 millones de pesos… perdidos como calcetines después de la lavadora. Hay obras fantasmas, contratos misteriosos, y maquinaria que nadie sabe dónde está (ni si existe). ¡El expediente parece escrito por los hermanos Grimm!
Pero eso no es todo: en la trama también aparece un denunciante, el ex diputado priista Luis Armando Córdova Díaz, que acusó a Citlalli por encubrir a otra exalcaldesa (María Elena Limón, también de MC, y muy sonriente en cada escándalo). Tristemente, Córdova fue asesinado en una cafetería de Zapopan, lo que hizo que el guion pasara de comedia municipal a thriller tapatío en un solo acto.
Ahora, la regidora Amaya —quien alguna vez prometió transparencia, paz y progreso— está en modo defensa. No ha dicho si va a pedir licencia, si se va a afiliar a Morena (ya ve que allá reciben de todo), o si va a escribir un libro que se llame “Cómo me amparé del destino”.
Eso sí: los vecinos de Tlaquepaque están que no les calienta ni el sol. Ya no saben si votar trae consecuencias o si las campañas son casting para futuras fichas rojas de Interpol.
¿Quién tendrá la razón? ¿Citlalli, que se ampara del futuro? ¿Laura, que escarba el pasado? ¿O el juez, que se lavó las manos como Poncio Pilatos pero versión colimense?
Lo cierto es que en este municipio, la política ya no es de barro ni de cantera: es de escándalo y carpeta.
Y mientras tanto, Tlaquepaque sigue esperando que le cumplan aunque sea una promesa… de esas que no acaben en el Ministerio Público.
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