
Por Manuel Gutiérrez
Francisco Villa, el autor de la leyenda de la revolución mexicana como jefe y creador de la División del Norte, acusado de conservador y reaccionario por los carrancistas, en nuestros días ha recibido una revisión de su vida, y se ha consignado que no debe ser considerado héroe, dada una marcada tendencia de su vida a causar feminicidios comprobados, lo que en nuestros días inhabilita al político que haya sido condenado de acoso o daño a mujeres, por lo tanto, debe admitirse que si bien es parte de la historia, no es el ejemplo que debe ofertarse por parte de la llamada Transformación de Cuarta si bien la ley no puede ser retroactiva es antifeminista.
Ya en un trabajo anterior consigne un crimen que cometió con su propia pistola contra una mujer inerme que lo disgustó seriamente a la que acribilló sin contemplaciones en una estación de tren.
Cuando Villa se retiró supuestamente a vivir en paz y le adjudicaron la Hacienda de Canutillo, recibió un verdadero latifundio en que supuestamente iba a fincar un próspero rancho para bien de los soldados ahora convertidos en rancheros, y de paso para tener una vida idílica, pero Villa era un lobo depredador y sobre en materia de mujeres, no cedió un ápice a esa afición que le acredita 50 matrimonios diversos, según lo consigna su admirador Paco I. Taibo que oculta las som bras de su detallada biografía en el afán de convertirlo en un modelo “revolucionario”.
Matrimonios de comedia, a punta de pistola en que clérigos lo “casaban” para legalizar el rapto de la víctima en turno.
¿Pero que era Canutillo? Héctor Aguilar Camín, en dos entregas lapidarias en Milenio, contra el centauro antifeminista, lo describe.
Canutillo era una super-hacienda de 64 mil hectáreas, con 1700 de ellas con riego incluido, con dos valles completos, regados por el Río Conchos, una hacienda que estaba asentada entre dos estados, uno de ellos Durango, con la propiedad de Hacienda de las Nievas, el otro lado de Chihuahua, era el Rancho Ojo Blanco, una propiedad enorme, de gran productividad en los tiempos de Porfirio Díaz, con cientos de campesinos bajo ese régimen en relativas condiciones de bienestar para la época, pero supeditados a las órdenes de los patrones.
Como si estuviera describiendo las propiedades que Dios le otorgó a Job, luego de superar su prueba, en que Dios le ganó la apuesta y la vencida de fuerza, al Diablo que se dio vuelo desgraciando al paciente Job, en uno de los libros de la Biblia, más fuertes, simbólicos e interesantes lo compensó al ciento por todo lo había perdido.
Vean nada más estas cifras: Canutillo tuvo 24 mil ovejas, 4 mil chivos, 3 mil cabezas de ganado mayor, y en materia de ganado caballar, la cifra de 4 mil caballos.
Claro, cuando Villa logró con su cambio de nombre y ser reconocido como “robolucionario” perdón ya saben que quiere decir, por Abraham González, como gobernador analfabeta de Chihuahua, tuvo patente de corso, y pudo matar y robar a los legítimos propietarios. Los exterminó, y punto y eso incluyó a la esposa del hacendado.
Desde entonces, tuvo el sueño de que la robolución le hiciera justicia, y eso era darle esa enorme propiedad, que comenzó a asolar del 1916 de que siempre codicio.
La zona de Hacienda de las Nieves, en Durango era codiciada por un el colega compadre Tomás Urbina, que se aprontó a apoderarse de esa nueva Ponderosa y lo hizo. Villa le pidió a su compadre que se le regresara ese bien (ajeno) y sangriento y como para Villa matar un compadre era algo prohibido –curiosa mezcla de creencias- pues le ordenó a Fierro que resolviera el asunto.
El compadre Urbina, se negó y se enfrentó verbalmente con Villa, que acompañado por Rodolfo Fierro y con instrucciones anticipadas, procedió a matarlo a balazos por negarse a repartir el logro revolucionario, cosa que sigue vigente hasta en nuestros tiempos de la transformación de cuarta, y que marcó el destino del PRI arcaico de antes, al que hemos regresado con el presidencialismo.
Ciertamente, cuando el presidente Adolfo de la Huerta, en 1916 cedió esa enorme propiedad, nos dice Aguilar Camin, Canutillo estaba lóbrega, distante de la prosperidad anterior hacienda. Villa prometió que los guerreros serían admirables rancheros en el régimen de igualdad utópico que concebía Villa.
Pero, Villa invicto como guerrillero con correrías desde Sonora, Chihuahua, Durango, Zacatecas y Coahuila, era un dolor de cabeza. Incluso tomó dos veces Chihuahua, -ya derrotado en Celaya en 4 ocasiones por Obregón- y no olvidemos la cabalgata infernal de Fierro que llegó quemando y sorprendiendo carrancistas, estaciones de tren, blancos civiles y cuando se le cruzo en su camino a Lechería, Estado de México, en que cansado de tanta muerte, satisfecho con una estela de terror y destrucción regresó a los territorios villistas.
Ahí se fincó el drama sentimental.
Villa cohabitaba como “marido” con 4 mujeres, Luz Corral, la oficial, Soledad Seáñez, y Austreberta Rentería, que consideramos habituales, y la cuarta mujer era María Arreola, con la que tuvo un hijo llamado Miguel, citamos a las frecuentes, no a las recurrentes, porque la cuenta se vuelve imposible.
María que vivía en el Rancho El Barranco, municipio de El Oro, parte de Canutillo. Villa insistió en juntar varios hijos diferentes, con otros que había juntado y con las otras 3 mujeres, mínimo. María se armó de valor y se negó. La ira se apoderó del legendario héroe oficial de este año 2023 en este gobierno populista que no es feminista y no sabe historia.
Villa no la quiso matar en Canutillo, en donde había notoria incomodidad con su prepotencia, con sus usos de pernada y de violación de hogares, así como por mostrar una voluntad omnímoda, en que hacía lo que venía en gana. Así que la saco en su carro de la fortaleza en que era una deidad.
Así fue por María, acompañado de Ramón Contreras, y la llevaron a los altos de Hacienda de las Nieves, en que la mató quemándola viva con petróleo, dejando el cadáver insepulto frente al Rancho El Cristo.
El asunto pasó a la historia cuando a su muerte, se armó la trifulca entre mujeres por la sucesión, dado que Villa llevó al niño Miguel a vivir con Soledad Seáñez que declaró oficialmente todo esto en el litigio contra Luz Corral.
El historiador Katz, lo puso en su obra monumental y mayor de la vida de Villa, y también salió a la luz una historia revisionista de Villa, por Reidezel Mendoza, que detalla con esmero “Los crímenes de Francisco Villa” que vino a darle una voltereta completa al héroe revolucionario.
Dado que históricamente se ha divulgado dos casos, una muerta a balazos y la otra quemada viva, lo que prohibió se le platicara al niño, pero esta historia se hizo de su conocimiento. Muchos de sus hijos lo odiaron y querían matarlo, como muchos campesinos de los que eran el “redentor” pero comportándose como Sultán, con su harén y su reino.
Sus caprichos costaban vidas y haciendas. Y aparte de esos recursos, Villa muy astuto no dudo en pedir subsidios al gobierno de la Huerta, que le regaló la propiedad para pacificarlo.
Pero de todos modos, sabía pedir dinero al supremo gobierno, para hacer “escuelas” y desarrollar a Canutillo, pero eso subsanaba el manejo brutal de esa enorme tenencia, aunque su sentencia ya estaba pronunciada y se ejecutó por designios del centro, de la presidencia (Calles) y de los poderes locales a Parral, hartos de agravios.
Por esta razón ningún gobierno del PRI de antes jugó la carta de entronizarlo como héroe porque sabían de sus excesos, los pobladores conocían sus hechos, era odiado en Zacatecas, a la que regresó a la edad de piedra y obligado a cuantiosas compensaciones de los gobiernos príistas del pasado, para Zacatecas que sabían de las dagas de Villa.
Soledad Seánez llegó a declarar contra el caudillo sin cabeza –en realidad nunca la tuvo, sólo en las acciones militares o guerrilleras- cuyos restos no se sabe si siguen en Chihuahua, o están en el monolito de la revolución de la CDMX, lo que se ha reconocido recientemente.
Villa imponía miedo y terror y las narraciones de crueldad con su propia gente entonces no son delirios literarios, como en las de Nancy Campobello, testigo presencial que para efectos de la realidad, se quedaron cortas. La capacidad de violencia de Villa a la par de una sensiblería absurda como de cocodrilo, no modificaron la cuenta de muertos ajenos y propios.
Fenómeno violento, criminal, exterminador, monstruo que la revolución liberó, fue un ariete de guerra, pero en su vida personal, un asesino incluso antifeminista. Tal haya que bajarle las letras del Congreso, pero eso sucederá hasta que tengamos una presidenta de la oposición que se atreva a tanto, claro al parecer antes el feminicidio era algo leve, ligero porque solo contaban los machos, pero desde siempre la sociedad tradicional lo reprobaba. Si fue un señor de la guerra, pero un descontrolada máquina de sensualidad y violencia que no lo hace recomendable como héroe nacional, es tan sólo un protagonista histórico, y Taibo aplica esa truco de la moralidad histórica en busca de tener otro héroe en su olimpo personal, junto al Che Guevara, al que falta canonizar, total que unas cuantas viejas muertas no dañan según Paco el radical, la fama del caudillo. Usted tiene la palabra, más si es mujer.
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