
Horacio Villaseñor Manzanedo
La falta de experiencia en el ejercicio de la función pública ocasiona, en el mejor de los casos, que los ayuntamientos, entiéndase los ediles, tomen decisiones equivocadas, perdiendo valioso tiempo, dañando el erario y la calidad de vida de la sociedad. Lo que, técnicamente, funciona en otros países, solo sirve aquí si el gobierno es igual de efectivo que en esas otras naciones, por ello no hay que importar experiencias exitosas si antes no se crean gobiernos profesionales y capaces. Me explico; partiendo de la premisa de que el espacio público, constitucionalmente, está encargado a la “autoridad”, no a la sociedad, por una razón simple, ¡sociedad salvaje, siempre habrá! Y la característica del espacio público es que se trata de terreno de todos, en consecuencia, de nadie en particular, por ello es encargada al gobierno, para que reglamente su uso, se vigile el cumplimiento de la norma y se pueda convivir en él. Puede transitar libremente por allí quien lo desee, gente educada, maleducada, limpia, puerca, consciente o inconsciente, naca que no recoja ni la caca de su mascota, etc., porque decidir qué tan corriente se desea ser, es una decisión de cada uno, entonces, creer que la solución es que toda la gente, de carne y hueso, con sus problemas individuales sea “limpia, pura y sin mancha”, es idiota. Si usted es de los que cree que la solución es educar, se puede ir sentando a esperar que toda la gente sea como a usted le gustaría y todo este brillante de limpio. La gente es libre de ser como le dé la gana, tan vulgar, corriente o no, como lo desee. Por ello, para poner orden y que podamos convivir en el área común, se creó el gobierno, se le dio atribuciones y se le mantiene con nuestros impuestos para que cumpla y haga cumplir la ley, esa es su única función y lo que jura hacer todo “servidor público”, no es educar. En el caso de la limpieza, su función es asear (lavar, desinfectar, barrer, recoger, almacenar, transportar y eliminar adecuadamente la basura) o, en su caso sancionar, la educación y las creencias son asunto personal. Entonces, ¿Por qué el ayuntamiento no multa? Pues porque es un inútil y si no puede limpiar todo y mantenerlo aseado, ¿con qué cara sanciona? Sería el colmo. Por otro lado, si la gente fuera puerca, cochina y le gustara vivir entre la basura, no la sacaría de su casa, la saca porque no le gusta vivir entre ella, paga y mantiene, con sus impuestos, a un ayuntamiento porque tampoco le gusta transitar por banquetas y calles hechas un cochinero. Quien resulta ser un inconsciente, incompetente, sucio o en el mejor de los casos, un inútil, es el ayuntamiento, porque su razón de ser, son los servicios públicos. ¿Para qué sirve un ayuntamiento que no puede ni recoger la basura? Si no puede conservar limpia la ciudad, ¿podrá con el alumbrado, la pavimentación, el mantenimiento del arbolado, el suministro del agua, el drenaje, el tránsito, la seguridad, etc.?, obvio, no. La basura de la gran ciudad no es la misma en una zona o en otra, su manejo es complejo, el barrido, recolección, almacenamiento, tratamiento y eliminación oportuna, requiere de gente preparada, la falta de experiencia genera puras ocurrencias, como la instalación de los absurdos “puntos limpios” que solo empeoraron todo, la ciudad no solo está hecha un asco, sino además ahora cuenta con famosos “puntos asquerosísimos”. Usted cree que, si alguien separa su basura y, caminando, lleva sus bolsas con residuos a los “contenedores” y al llegar, están llenos, saturados o desbordados, se va a regresar a casa a esperar que la “autoridad” haga su parte, que es mantenerlos limpios y vacíos, es idiota. Hay que ser muy menso para creer que la ciudad, está hecha un asco porque la gente es cochina. En tanto no logremos integrar los ayuntamientos con gente inteligente, no quedará de otra más que vivir en el cochinero. ¡Ni halar!
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