Horacio Villaseñor Manzanedo*
Respeto y admiro a las mujeres y hombres valientes que integran los cuerpos del sistema de protección civil, pero el sistema estuvo, localmente, maldiseñado.
La ignorancia de gobernantes y directivos amigos de alguien, sin conocimientos en temas de gobierno, han llevado a la función pública de ocurrencia en ocurrencia y la protección civil no es la excepción. ¿Cuál fue la aportación de los sistemas de protección civil ante la pandemia? Ninguna, hasta fue considerada “no esencial”. Las funciones de prevención y la atención a situaciones de grave riesgo, al ser diseñadas, se confundieron con actividades propias de los cuerpos de bomberos. Las unidades de protección civil dirigen, hoy, sus acciones al rescate de las personas y de sus bienes, lo que hacen muchas otras dependencias, en lugar de promover la renovación de la infraestructura urbana caduca y el fortalecimiento institucional para lograr metrópolis sostenibles y seguras.
Para atender situaciones cotidianas como accidentes viales, amenazas de bomba, explosiones originadas por gas LP, incendios, derrames de sustancias químicas, hundimientos en el pavimento o derrumbes, o las típicas inundaciones en época de lluvias, se hacen gastos innecesarios al acudir simultáneamente todas las dependencias disponibles, estatales y municipales, que en muchos de los casos no son necesarias. Gastan en equipos de rescate, en lugar de invertir en obras que eviten o disminuyan los daños que puede ocasionar un desastre natural, urbano, social o sanitario, sucesos de grandes magnitudes como la fuga en ductos de Pemex, fuertes sismos, plagas, epidemias o pandemias.
La acción pública de las actuales unidades de protección civil se limita solamente a los simulacros de evacuación y al rescate, nada, cuando se trata de asuntos más importantes.
Las unidades de protección civil tienen hoy casi las mismas funciones que siempre han desarrollado los bomberos.
Los simulacros de evacuación que se han implementado apenas en edificios (nunca en amplias zonas, áreas o regiones) sólo son útiles si las personas se encuentran en un edificio estructuralmente seguro, si el edificio se cae, la evacuación es imposible.
Sólo “si sale, se salva”, reza la regla popular de las cuatro “eses”, pero si se reforzara o sustituyera la infraestructura que ha agotado su vida útil, el escenario sería distinto.
Es necesario que la protección civil sea un proyecto de la sociedad civil, de mayor alcance, y que los gobiernos garanticen una urbanización planificada, activa y eficaz que dé seguridad en cualquier caso de emergencia grave, fijando como meta lograr el desarrollo de metrópolis que permitan vivir con tranquilidad.
Ninguna dependencia se dedica a la planeación prospectiva, ni a la promoción y evaluación de las obras civiles necesarias para reducir la vulnerabilidad en las grandes ciudades.
Hay espacios faltantes que deben construirse y edificios existentes que deben reforzarse para asegurar permanezcan de pie ante un gran temblor, como hospitales, edificios que albergan los cuerpos de rescate, las escuelas o los departamentos donde vivimos con nuestras familias.
La visión debe ser otra, los cuerpos de bomberos pueden mejorarse integrando el personal y el equipo para rescate que se observa actualmente en las unidades municipales de protección civil; y, redefiniendo sus funciones actuales, en el marco de una nueva institución, puede crearse un organismo de prevención de desastres de gran escala que logre la tranquilidad deseada con enfoque preventivo.
De lo contrario, los cuerpos de protección civil seguirán siendo bomberos y, ante una pandemia, corporativos en estado vegetativo.
Horacio Villaseñor Manzanedo*
Maestro en Gobierno y Administración Publica Municipal y Estatal.
•Miembro de a Red Nacional de Investigadores en Gobiernos Locales Mexicanos, A.C. (IGLOM) .
•Miembro de la Red Gobernanza Metropolitana del CONACYT.
•Profesor en la Maestría en Gestión de Gobiernos Locales, en la UdG .
•Más de 33 años de experiencia en puestos directivos en el ejercicio de la función pública.
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