
Jaime García Medina*
La tradición indica que el Requiescat in pace en latín o el descanse en paz en español, se empezó a popularizar entre los -por así llamarles, pues la denominación no es bíblica, (Hechos 11:26)- cristianos, se usaba para desearle paz a los muertos. Pero al exgobernador Aristóteles Sandoval -se entiende por qué- no se le ha concedido esta gracia. Casi resulta que es como se autodefine Félix Salgado Macedonio, precandidato único de Morena al gobierno de Guerrero: “soy incalumniable. Todo lo que digan de mí es cierto”.
En redes sociales, se dice qué número de hijos tenía y el número del que supuestamente venía en camino. Se muestran teorías de por qué lo mataron, quién o quiénes ordenaron su ejecución, cómo se dio esta, quiénes participaron, cuáles son las principales omisiones de la Fiscalía General del Estado, etcétera.
En la prensa nacional y local no hubo condolencias ni del Gobierno del Estado. Tampoco de organismos cúpula. Ni de partidos. Ni de amigos que hubiese podido tener. Ni de homólogos, ni de ex homólogos. Ni del expresidente Enrique Peña Nieto, ni del presidente del PRI, etcétera.
Ellos sí, como que lo dejaron descansar, en la supuesta paz que tienen o dicen tener ciertos cristianos.
Pero en la prensa no. Héctor de Mauleón escribió de él en El Universal una columna muy áspera. Lo hizo el día 5 de enero de este 2021 y tituló su trabajo “El mensaje que deja el asesinato de Aristóteles Sandoval”. Dice de Mauleón, experto en temas de seguridad, que si no se aclara el crimen seguirá la impunidad en Jalisco.
Me voy a referir mejor al debate epistolar que generó el periodista afín al alfarismo -le coordina la mesa de temas fiscales- Enrique Toussaint que se refirió en su artículo del domingo 3 de enero de este año en términos terribles para los familiares y amigos del exgobernador. Incluso, desafiando todo, Toussaint fijó en perfil de twitter eso que él llama columna como para que sepan que se sostiene en su dicho.
El tuit recoge: “Aristóteles no era un político refinado o culto. Tampoco fue un gobernador con firmes creencias. Fue un circunstancial, alguien que supo estar en el momento preciso. Se sabía reinventar, aprender y leer los tiempos. Eso no es poco”.
Dados estos adjetivos cualquier diccionario de antónimos define a Aristóteles como un selvático. Esto es, como un hombre tosco, confundido, desordenado, etc. Como un ser ignorante, zafio o vulgar. Y circunstancial es propio de un accidente.
En otras palabras, Toussaint dice que Aristóteles nada más no rebuznaba porque desconocía la tonada.
Obligado, su amigo, su secretario de Educación, su presidente de patronatos del Instituto de Pensiones y del SIAPA, Francisco Ayón salió a defender lo indefendible. Escribió y polarizó. Dice que en el PRI había expertos en administrar las derrotas, que no hicieron nada y Aristóteles sí.
Yo trato de entender porque nadie publicó esquelas, condolencias, o pésame. Trato de entender a los oradores en su homenaje luctuoso, lo que dijeron, y que es muy serio, muy grave.
Ya hay más claridad en líneas de investigación, ya se filtraron nuevos videos. No sé a dónde quieren llegar en el Gobierno de Jalisco.
Lo que, si sé, es que Aristóteles Sandoval fue lo que fue, de principio a fin. Hubo muchísimos errores en su persona que lo llevaron hasta ese final. Nadie -por ejemplo- tiene 15 escoltas para usar solo 2. Nadie -otro ejemplo- que recién gobernó a su estado anda en una de las ciudades que pertenecen a la misma entidad.
Lo que sí nos dejó su muerte es una dura, muy dura lección que todos debemos entender: nadie, pero nadie, absolutamente nadie, es intocable en la entidad. Pobres de quienes integran o integraron la clase política en Jalisco. Ya les mataron a un exgobernador, a un diputado federal en funciones, a un secretario de turismo, a alcaldes, a exalcaldes, a jefes policiacos, a exjefes policiacos. Ya no falta nadie.
Ya dejen la memoria de los muertos.
@jaimegarciamed8
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