
Horacio Villaseñor Manzanedo
Creer que la ciudad más limpia es la que no se ensucia, es idiota. La ciudad más limpia es la que tiene un ayuntamiento, que barre, recoge, almacena, transfiere, trata y elimina adecuadamente, en todo momento, día a día, los residuos sólidos que genera la población, entonces, la ciudad más limpia no es la que no se ensucia sino la que se limpia. ¿Quién debe evitar que las calles estén llenas de tierra, hojarasca, ramas caídas, perros muertos, piedras o escombro resultado de los choques vehiculares, volantes publicitarios, cables colgando por todas partes, etc.?, pues el ayuntamiento. Las ciudades se ensucian, aunque la gente sea limpia, para eso se creó el ayuntamiento, para que la limpie y mantenga desinfectada y saludable. En los años 60’s, Guadalajara era conocida como la “Ciudad de las Rosas”, por los 80’s tuvo fama de “Ciudad Limpia”, es cierto, era una ciudad con menos habitantes, pero también con menos recursos provenientes de los impuestos, al haber menos casas se ingresaba menos por concepto de impuesto predial. Al crecer la ciudad, al aumentar el número de habitantes y de viviendas, con el fenómeno metropolitano, el ayuntamiento tuvo más ingresos y con buenas administraciones tuvo una planta tratadora de basura, donde además de separar los materiales que tenían mercado, convertía la materia orgánica en composta, un mejorador de suelos utilizado en los terrenos agrícolas de la, entonces, vecina “Ciudad Maicera”. Con el tiempo, Zapopan se urbanizó y al no haber sembradíos cerca, por razones obvias económicas, la planta de composteo se cerró. También, Guadalajara, construyó una planta de transferencia de residuos, al sur de la ciudad, y adquirió suficientes tractocamiones, para transportar la basura a los tiraderos, todo bajo administración directa, evitando concesiones que solo dañan el erario y logrando que los recolectores regresaran rápidamente y pasaran por las colonias las veces que fuera necesario. Guadalajara tenía un servicio municipal contratado de aseo para comercios, así evitaban que el recolector de casas se distrajera recibiendo dadivas y recogiendo, por conveniencia, primero la basura industrial o comercial. En algunas colonias, existía el servicio de recolección nocturna, pasaban sin hacer ruido, no se usaba el cencerro porque nadie tenía que dar propina, la gente sacaba, antes de irse a dormir, sus bolsas de basura y al despertarse, por la mañana, la colonia amanecía limpia, de allí el mote de “Ciudad limpia”, no era como ahora, un espectáculo asqueroso, bolsas de basura por todos lados. Por cierto, seguir usando basureros o tiraderos municipales es muy tonto, cada vez quedan más retirados y los costos por traslado aumentan y aumentan, ese sistema para Guadalajara no es sostenible, pero con tanto “político” oportunista, sin preparación ni experiencia, lo único que están haciendo es lo que no se debe hacer ya. Antes, el ayuntamiento, también retiraba de la calle la propaganda o publicidad adosada en postes de alumbrado público, los limpiaba y pintaba; borraba rápido el grafiti; barría las calzadas, avenidas y pasos a desnivel, diario; papeleaba todos los camellones, todos los días, levantaba ramas, piedras, animales muertos, tocones, escombro y restos de llantas; limpiaba los lotes baldíos en abandono; limpiaba la maleza que cubría los machuelos y después los mantenía pintados de amarillo o blanco, según fuera el caso; barría la hojarasca, que es lo que realmente tapa las bocas de tormenta, y; mantenía en inmejorables condiciones la nomenclatura de calles, letreros y avisos de tránsito, la infraestructura urbana, etc. Ahora, la ciudad es un cochinero, pero ¡wow!, tiene un carrusel. ¡Qué bonito espectáculo!

Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








