
Horacio Villaseñor Manzanedo
Hace 33 años, cuando iniciaba el periodo de la administración municipal encargada al ingeniero civil,Presidente Municipal Enrique Dau Flores, en 1992 (llevaba 22 días en el cargo), explotó en Guadalajara un colector en el barrio céntrico de Analco afectando algunas otras colonias. Según datos oficiales 212 personas perdieron la vida y otras 1,800 resultaron heridas. En ese año, no existían las unidades de protección civil municipales, solo había una modesta unidad estatal y los ya conocidos cuerpos de bomberos de la zona metropolitana. La desgracia fue aprovechada por propios y extraños para impulsar la alternancia política, el ingeniero Dau fue separado del cargo y encarcelado, se instaló un Consejo Municipal en su lugar y en las elecciones de 1995 ganó por primera vez la oposición, le tocó al Partido Acción Nacional gobernar la gran ciudad. El periodo anterior a la del ingeniero Dau estuvo a cargo de un buen alcalde, Gabriel Covarrubias Ibarra, tanto Don Gabriel,como le decían de cariño, contador de profesión, como el ingeniero Dau eran políticos profesionales, experimentados y exitosos en sus oficios, pero los técnicos especializados en seguridad y extinción de siniestros eran los cuerpos de policía y bomberos municipal, que por cierto son empleados que la función pública trata de asegurar su permanencia porque supone son los “conocedores” y deben proteger a la sociedad con independencia de los políticos que entran y salen en cada periodo. Entonces, ¿quiénes son los responsables de evitar daños a las personas y sus bienes? ¿Qué se debió hacer para que no vuelva a suceder algo así? Simple, ¡castigar la ineptitud y evitarla en el futuro! Me explico: La administración gubernamental es técnica y ciencia a la vez, no tiene misión como en la privada sino obligación, deberes sin opción a fallar, todo en el marco del derecho público. El ingeniero Dau con dos semanas en el puesto tenía poco conocimiento de la organización que había y, si los policías y los bomberos que tenían años en el ayuntamiento no supieron qué hacer, el político menos. Aquí inicia la falla, los empleados municipales no son seleccionados ni capacitados adecuadamente. El PAN, al llegar al poder público, para no arriesgarse creó la Unidad Municipal de Protección Civil, nombrócomo su director a una buena persona, un arquitecto que no sabía nada de administración pública, pero era conocido del alcalde. Se asesoraron discretamente de gente que colaboró en administraciones anteriores porque sabíamos más que ellos. Inicialmente siguieron la sugerencia, crearon un área de protección civil en la Dirección de Obras Públicas, porque en una ciudad la seguridad se otorga con obras civiles. Recordemos que, en la época medieval, ante las invasiones, las murallas protegían a la gente y en la actualidad el alumbrado público, el drenaje, los pavimentos, las estructuras reforzadas y las obras bien hechas otorgan seguridad civil, solo con obras se pueden minimizar riesgos y esa es la función de un cuerpo de proteccióncivil, no el rescate. Extinguir contingencias y salvar es función de los bomberos. Por ignorancia, los directivos panistas, ante la presión errónea generada en todo el país para que los cuerpos de bomberos pasaran a convertirse en cuerpos de protección civil y bomberos, Guadalajara, una ciudad totalmente urbanizada, cometió el error de ceder, despidieron arquitecto titular de protección civil y el ayuntamiento juntó esas dos dependencias; la encargada de proteger y la encargada de bombear agua para apagar fuegos, ambas, bajo el mando de un personaje muy querido por la sociedad tapatía, que por cierto era el director de los bomberos en 1992. Treinta tres años después de las explosiones, la ciudad es un desastre, no hay construcciones que garanticen tranquilidad y los servicios públicos no sirven, son malos e insuficientes (agua, drenaje, limpia, calles, áreas verdes, policía, tránsito, etc.), y lo peor vendrá si tiembla. Las unidades de protección civil compran “lanchas” para rescatar a la gente en las colonias que se inundan y siguen haciendo simulacros de evacuación que de nada sirven si hay colapsos, derrumbes o derribos en una ciudad llena de construcciones viales, edificios, torres, postes, árboles y pocas vialidades rápidas, en vez de construir colectores profundos, reforzar estructuras y rediseñar la urbe. Si con políticos serios pasó lo que pasó, con los de ahora que, creo son también gente buena, pero también, que no sabe, “que Dios nos agarre confesados”. Juntar bomberos y protección civil fue idiota, una tontería más que aún no han arreglado. Ni hablar.
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