
Por Laura Gutiérrez Franco
Lo que para muchos era el “talón de Aquiles” de Ricardo Salinas Pliego, terminó siendo su mejor movimiento estratégico. Al cerrar oficialmente sus disputas con el SAT, el dueño de Grupo Salinas no solo puso orden en sus finanzas, sino que eliminó el único obstáculo real que sus adversarios políticos tenían para frenar sus aspiraciones: la narrativa del “deudor”.
Para entender la magnitud del movimiento, hay que ver los números. No fue solo un pago, fue una negociación que le ahorró miles de millones:
* La Deuda Inicial: El Gobierno Federal y el SAT exigían originalmente un pago de aproximadamente 51,000 millones de pesos (aunque algunas fuentes sumaban hasta 74,000 millones contando todos los créditos acumulados por décadas).
* El Acuerdo Final: El Tío Richie logró cerrar la cuenta en 32,132 millones de pesos. Gracias a una defensa legal impecable y al uso de beneficios fiscales vigentes, obtuvo una reducción de casi el 37% del monto que le querían cobrar inicialmente.
* Ya realizó un primer depósito de buena fe por 10,400 millones de pesos.
* El resto se liquidará en 18 cómodas mensualidades de aproximadamente 1,200 millones cada una.
El Mensaje: “Ya no me pueden atacar”
Con el comunicado oficial de Grupo Salinas que reza: “A partir de ahora, no debemos nada al gobierno”, Salinas Pliego le arrebató el micrófono a sus detractores.
Ahora, cuando desde la tribuna pública intenten señalarlo, el Tío Richie podrá responder con el comprobante de pago en mano. Esto le da una autoridad moral renovada frente a sus seguidores, presentándose como el hombre que luchó contra el sistema, negoció como los grandes y cumplió con la ley.
¿Rumbo a la Silla Presidencial?
Este movimiento no es casualidad. Al limpiar su historial fiscal, Salinas Pliego queda legalmente habilitado y políticamente fortalecido para una posible candidatura presidencial en el 2030.
Ya no pueden usar al SAT como herramienta de presión políitca y puede presentarse como el empresario que sabe administrar, que no se deja del gobierno y que tiene la casa limpia. Su imagen de “tío rico y rebelde” ahora suma la faceta de “ciudadano cumplido”, una mezcla potente para quienes buscan un cambio fuera de la política tradicional.
El Tío Richie no solo pagó una deuda; compró su libertad política. Al dar “carpetazo” a este tema, ha dejado claro que está listo para jugar en las grandes ligas del poder público sin que nadie le pueda decir “ni pío”.
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