
Horacio Villaseñor Manzanedo
Hay dos tipos de ayuntamientos, los funcionales, que son los que en teoría deben existir, y, los disfuncionales, que en la realidad son los que hay. Hace poco más de cuarenta años, Guadalajara fue considerada la ciudad mejor iluminada de México, era una ciudad limpia, con hermosos parques y jardines, calzadas, avenidas y calles transitables, bien señalizadas, con una excelente nomenclatura y camellones dignos de la segunda ciudad más importante del país. La ciudad tenía mercados, unidades deportivas, un rastro y panteones en inmejorables condiciones, era una ciudad segura y caminable, con hermosas fuentes públicas de donde brotaba agua limpia. En esa época, cuando llovía, podías salir, hacer un barco de papel y gozarlo, dejándolo correr en arroyos de agua que se formaban a la orilla de la calle; sí, así era Guadalajara. Ahora, es una ciudad sucia, hecha un asco, con peligrosos hoyos, registros sin tapas, basura, ramas y hojarasca por todos lados, una ciudad llena de indigentes desatendidos, peligrosa, con un cablerío sin control colgando por todos lados y alcantarillas por donde, cuando llueve, brota excremento, se inundan las calles y se generan peligrosos ríos de agua servida. ¿Qué causó esto? ¿A quién le toca solucionarlo? ¿Quién es responsable de las pérdidas y daños en las personas y sus cosas, por falta de un drenaje suficiente? La respuesta es sencilla, toda vez, que, de acuerdo con lo que se observa en la constitución nacional, es el Ayuntamiento quien falló y sigue fallando. El modelo disfuncional actual, que tiene convertido a lo que fue una institución en una organización pública incapaz de solucionar lo importante y elemental, para tener una vida prospera, hoy no le da más que para desearnos, ¡ánimo! Los ayuntamientos fracasan y se vuelven disfuncionales porque se integran con regidores ignorantes sin preparación para repensar y reorganizar la administración pública, mucho menos con directivos capaces para operarla efectivamente, ocasionando que ese, que antes, era el Honorable Ayuntamiento, hoy sea una “caricatura” y causa de la mayoría de los males. Desde hace años, el Ayuntamiento, en lugar de crear condiciones propicias, promueve y hace tonterías, desperdicia el dinero público y pierden valioso tiempo. La gente debe saber, que, si el Ayuntamiento fuera lo que debe ser, sus propiedades valdrían más y habría condiciones para vivir mejor, en cambio un Ayuntamiento inútil, daña, genera minusvalía, hace que se tenga que vivir en la inmundicia y en constante riesgo. El Ayuntamiento es el gobierno de la ciudad y gobernar es cosa seria, es garantizar la seguridad de los habitantes, lograr una ciudad iluminada, sin hoyos y sin árboles que con viento o lluvia te pueden caer encima. Gobernar, no es hacerse el chistoso, distraer con vaciladas o festejar el Día de la Torta Ahogada, que sin duda es deliciosa, pero no es prioridad cuando lo que está en juego es la vida. Sin capacidad ni seriedad, moverse en la ciudad seguirá siendo, todo el año, un peligro, y, en época de lluvias, más. Ni hablar.
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